Viaje a la costa oeste (i). British Columbia

Buenas gente!

Pues como algunos ya sabreis (y al resto se lo cuento ahora), he participado durante el año en un curso, por Skype, sobre la ecología, conservación y gestión de los bosques de la costa oeste de Norteamérica, curso impartido por Christian Messier y que hemos rematado con un viaje lúdico-forestal de 12 días para conocer precisamente esos bosques. Y como lo prometido es deuda, y a algunos os prometí que os daría buena cuenta del viaje, transformo este blog momentáneamente en un blog de viajes, así os doy la chapa y cumplo la promesa de contar que tal ha ido el viaje. Eso sí, como supongo que se hará un poco largo, pido disculpas de antemano y declaro la lectura como “no obligatoria” (no pasare lista, lo prometo). Y para que sea más digerible, lo he dividido en varias entradas. Comenzamos:

Después de dos días en Montréal, que básicamente dediqué a constatar mi bajo nivel de francés y a sufrir un considerable jet-lag, volamos para Victoria (en la isla de Vancouver) el día 5 de mayo, lo cual vino perfecto para aumentar el desorden en mi ya desorientado cuerpo (son 3 horas más de jet-lag). En cualquier caso, los primeros 4 días estuvimos recorriendo la isla de Vancouver, que aunque parezca una islita pequeña ahí, en la esquinita entre Canadá y EE.UU. (yo al menos reconozco que tenía esa idea) tiene de largo la misma distancia, así a ojo, que hay entre San Sebastian y Badajoz. En cualquier caso, el paisaje es verdaderamente increíble: montañas, bosques y lagos por todas partes, kilómetros y kilómetros de carretera sin ver un pueblo… Ahí empecé a entender eso que dicen de que América es otra escala… Además, como es bastante montañosa, el paisaje es muy diverso, ya que hay mucho contraste entre la parte occidental, expuestas a los vientos húmedos del pacífico, y la parte oriental, relativamente “seca” (alrededor de 1000 mm, de ahí las comillas).

Ciñéndonos a lo forestal, la zona, como en general todo el Oeste de Norteamérica, ha sufrido cambios muy importantes en los últimos años: el sector forestal ha sido sin duda el más importante en la economía de la región, y la gestión se ha basado, fundamentalmente, en dos aspectos: (1) las tierras privadas son privadas, y como tal, el propietario puede hacer lo que quiera con ellas. (2) las tierras públicas se gestionaban mediante grandes concesiones a empresas madereras, que hacían lo que querían con ellas. Las consecuencias os las podeis imaginar: años y años de cortas a hecho por todas partes. Pero cortas a hecho de verdad, nada de unas pocas hectáreas. Hasta que en los años 80-90, la sociedad se fue concienciando cada vez más de lo que este tipo de gestión suponía, y tras numerosas protestas, manifestaciones, denuncias, etc. se pasó a la situación contraria: prácticamente no se cortaba un sólo árbol, y el objetivo fundamental, en las tierras públicas, era la conservación de determinadas especies y la preservación de los bosques primarios (intactos) que quedaran. Pero claro, eso ha hundido la economía de numerosas zonas: bastantes molinos han tenido que cerrar, el paro ha aumentado, y la crisis económica fue muy importante. Digo fue porque parece que se han recuperado bastante, bien diversificando la economía, o bien compaginando conservación con obtención de rendimientos. Y en eso están ahora mismo, tratando de dar con la fórmula mágica.

Esos días estuvimos acompañados por Andy McKinnon, un biologo y forestal (sí, las dos cosas) buen conocedor de la zona, autor de este maravilloso libro, y un encanto de hombre. Los dos primeros días dormimos en Cowichan lake, en una estación de investigación forestal muy maja (por cierto, concepto interesante éste, y que de tener dinero habría que exportar ya a España).

Desde allí nos movimos a visitar varios sitios: la verdad es que hicimos bastantes kilómetros para movernos por la isla, y aunque se hizo un poco pesado tanto coche, nos permitió ver algunos lugares espectaculares, como como Cathedral grove. Fue mi primer contacto con lo que se llama “old-growth forest“, y qué basicámente podríamos definir como bosque primario o intacto (aunque en realidad no es exactamente lo mismo). Sencillamente espectacular, con árboles de más de 70 metros de altura y una cantidad de madera muerta en el suelo increíble (hasta el 50% de la biomasa total). Para ejemplo, un botón: la foto de al lado.

Además también vimos algunos bosques dentro de la MASS initiative (montane alternative sylvicultural systems). Básicamente, la MASS initiative es una especie de acuerdo entre algunas empresas forestales, centros de investigación, universidades y la administración, donde están intentando probar distintas alternativas a la corta a hecho que tradicionalmente se ha “estilado” en la zona: aclareos, árboles padre, bosquetes, etc. y estudiando su impacto sobre la ecología y el rendimiento económico. Vamos, que básicamente tienen un monte de varios miles de hectáreas para probar cosas. Estuvimos acompañados por Bill Beese (de Western Forest Products) y Hamish Kimmins (écologo forestal emérito de la Univ. British Columbia), lo cual fue interesante pues nos permitió ver un poco de los dos puntos de vista.

También pudimos visitar Clayoquot Sound, que en 1993 vio como más de 12.000 personas trataban de impedir una directiva gubernamental que concedía a las empresas más del 65% del territorio de la zona, dándoles libertad para gestionarlas como quisieran. 850 personas fueron detenidas, y aquello tuvo un gran impacto mediático, hasta el punto que el Gobierno decidió dar marcha atrás con aquello y paralizar las cortas. Hoy, en la zona opera Iisaak que quiere decir respeto en la lengua de los Nuu-chah-nulth, y que ha supuesto un gran cambio en la manera de ver y hacer las cosas: la empresa es propiedad de los Nuu-chah-nulth, y ellos son los principales trabajadores. Se trata de gestionar el territorio con respeto a los valores culturales, espirituales, recreativos, económicos y estéticos, bajo las directrices del Clayoquot Sound Science Panel, y a través de la gestión adaptativa, tratando, entre otros principios, de preservar las zonas de ribera, la diversidad estructural, las áreas culturalmente importantes para las poblaciones nativas (primeras naciones), etc. Por supuesto, cortan madera (no deja de ser una industria forestal), pero lo hacen mediante cortas de retención variable (dejando un determinado porcentaje en pie, entre un 30 y un 80% según áreas). Primero se deciden los árboles a respetar, y esto lo decide un panel compuesto por biológos, forestales, economistas, antropólogos… Los mayores costes de este tipo de gestión quedan compensados, según ellos, por el plus que les da el gestionar de esta manera, el sello FSC, y el adaptarse al cliente (son bastante flexibles en cuanto al producto). También ayuda, añado yo, el hecho de que las especies que comercializan (Chamaecyparis nootkatensis, Thuja plicata, Tsuga heterophylla y Pseudotsuga menziesii) se encuentren entre las de mayor crecimiento y mayor precio del planeta. Un buen árbol de abeto Douglas puede llegar a valer unos 10.000$, y el precio del cedro rojo es aún superior…

Y después de tanto aprender sobre el sector forestal, qué mejor que pasar noche en Tofino, antiguo centro maderero reconvertido en meca del surf, y donde aparte de ver algún ejemplo de bosque lluvioso templado, pudimos disfrutar de las eternas y vírgenes playas del Pacífico…

Al día siguiente volvimos a Cowichan lake, y disfrutamos de un día “libre” que aprovechamos para ver el interesante museo forestal de Duncan, y para ver como los Montreal Canadiens ganaban in extremis a los Pittsburgh Penguins. Al día siguiente, carretera hacía EE.UU., hacia Oregón. Pero eso se merece otra entrada, intuyo que todos estamos ya cansados.

 

Continuará…

09/06 ACTUALIZACIÓN:Ya tenéis aquí abajo todas las fotos de la isla de Vancouver, bien en mapa bien en presentación. Si preferís, las podéis ver también en Picasa.

En breve, Oregón!!

 

4 Comments

  • Anónimo

    3 junio, 2010 at 07:23 Responder

    Hola Aitor, soy Diego Alonso, me ha gustado mucho el "reportaje" de veras. Me alegra saber que andas bien tan lejos y espero que disfrutes y nos cuentes más de tus andanzas por las tierras lejanas. Un abrazo y cuidate!

  • [claudàtor]

    4 junio, 2010 at 02:28 Responder

    Gracias Diego!
    Ya os ire contando más cosas, ya. Espero quetodo vaya bien por Pucela. Un abrazo!

  • Anónimo

    8 junio, 2010 at 13:08 Responder

    Vaya con el doctorado. Si ves que no puedes con él, estoy dispuesto a hacer un esfuerzo y cambiarte mi envidiado puesto en SEFOAL por tu doctorado. Total la unica barrera es el idioma, y parece que tu estas un poco pez (como yo). Además el frances es el lenguaje del amor, y como sabes yo tengo mucho amor para con el mundo. Dejemos de divagar. Que una autentica pasada lo que ves, lo que haces, lo que estas aprendiendo… Además me parece una forma estupenda de recordar tu viaje llegado a mi edad (cosa dificil).
    Bueno Aitor, a ver si me dices como está por alli la cosa para a ver si podemos hacerte una visitilla. Hablamos cachorro.

    PD: que mala es la envidia

  • […] tuve la suerte de poder visitar la costa oeste de Norteamérica en 2010, una de las paradas fue el museo forestal de la Columbia Británica. No es que pille precisamente a […]

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