La naturaleza de Costa Rica (2/5): historia del paisaje

Seguimos con la serie de entradas sobre Costa Rica, para hablar esta vez de la influencia del ser humano en este pequeño país. Porque aunque Costa Rica sea actualmente un ejemplo en conservación de la naturaleza y protección de los bosques, no siempre ha sido así, y hasta los años 80 tenía una de las mayores tasas de deforestación de Centroamérica. Pero empecemos por el principio.

La Costa Rica precolombina

Igual que en su momento Costa Rica se benefició de su papel como puente biológico entre América del Norte y del Sur, también recibió influjo cultural de las grandes civilizaciones del norte (aztecas y mayas) y del sur (incas). La influencia fue desigual, y si bien los expertos engloban la zona del Caribe y el Pacífico sur en la región cultural sudamericana, la actual provincia de Guanacaste estuvo ocupada por los chorotegas, de clara influencia mesoamericana. Sin embargo, no existen manifestaciones culturales o arquitectónicas de especial relevancia, sobre todo si las comparamos con las majestuosas edificaciones de las grandes civilizaciones precolombinas.

Principales regiones arqueológicas de Costa Rica
Sí que destaca, por su curiosidad, la construcción de esferas de piedra en el delta del Diquís. En realidad, poco se sabe de estas esferas, de tamaños variables (desde pocos dentímetros a 4 metros de diámetro) y una perfección sorprendente para los utensilios disponibles en la época. Se pueden encontrar esferas por toda la zona de la desembocadura de los ríos Térraba y Sierpe, aunque un lugar cómodo para verlas es Palmar Norte, donde hay numerosos ejemplos dispersos por toda la ciudad. Aparte de su perfección, lo más chocante es que están construidas en un material que no se encuentra en la zona, y tampoco se tiene muy claro cuál podía ser su función. Más claro parecían tenerlo los primeros españoles que llegaron a la zona, que las destruyeron por decenas convencidos de que estarían rellenas de oro.
Algunas de estas esferas de piedra se pueden encontrar en
la isla del Caño, a más de 25 km de la costa. Y no, no está rellenas de oro.

La llegada de los españoles y el cultivo del café

La colonización española  de Costa Rica se produjo de manera muy lenta y desigual, debido a las dificultades del clima y la orografía y, en algunas zonas, a la actitud poco amistosa de las poblaciones indígenas. Además, a pesar de que Colón la bautizara como Costa Rica por la abundancia de oro que le suponía, la zona resultó pobre en metales preciosos, lo que sin duda contribuyó a que disminuyera el interés por ella. La primera zona en ser colonizada fue el Valle Central (se sabe que en 1675 todos los indígenas del valle central hablaban ya español), más accesible y de mejor clima, y cuyas laderas de origen volcánico pronto se revelaron idóneas para el cultivo de uno de los grandes transformadores del paisaje de Costa Rica en los siglos XVIII y XIX: el café.

Cafetos en sombra bajo arbolado, cerca de Turrialba

Se cree que las primeras semillas de Coffea arabica llegaron a América en 1720, y para finales del siglo XVIII ya había arribado a Costa Rica. A partir de principios del siglo XIX el café conoce un boom en el país, propiciado por los suelos fértiles y un clima perfecto para ese cultivo, y favorecido por los sucesivos gobiernos: en 1821 la municipalidad de San José regalaba plantas de café entre los vecinos; en 1825 se exime al café del pago del diezmo; en 1831 se decreta que cualquiera que cultive café por 5 años en una tierra baldía podrá reclamar su propiedad. Cientos, miles de hectáreas de bosque son convertidas a cafetos, aunque su carácter de cultivo permanente y de sombra mitiga el impacto (se cultiva bajo cierta cubierta arbórea).

Sin embargo, el cultivo del café propició también la deforestación indirecta, ya que desplazó a numerosos campesinos a tierras marginales (hasta entonces boscosas) y para exportar el café fue necesaria la construcción de vías de comunicación que facilitaron el acceso a zonas hasta el momento remotas. El mayor ejemplo fue la construcción del ferrocarril del atlántico, que aunque originalmente pretendía dar salida ágil al café del valle central hacia el mercado británico, el más importante del momento, supuso una transformación fundamental de todo el litoral caribeño.

El ferrocarril del Atlántico: la puerta de entrada del banano

El ferrocarril se comenzó a construir en 1871, a cargo de Minor Keith, empresario norteamericano. Pronto se vio que la construcción no iba a resultar fácil: los campamentos se inundaban constantemente,   abundaban los mosquitos y escaseaba la mano de obra. Se trajeron numerosos trabajadores negros de Jamaica y las Antillas Holandesas, ya que resistían mejor la dureza del trabajo y las enfermedades. Esto cambió para siempre la demografía de la zona, y aún hoy en día el caribe costarricense tiene una gran influencia afrocaribeña. Keith prontó descubrió que el ferrocarril sólo sería rentable si se utilizaba todo el año, y la estacionalidad del café no permitía esta opción. Así que decidió pasarse al banano.

Plantaciones de bananos cerca del PN Tortuguero

Aunque en 1872 Keith ya había plantado unos pocos bananos para alimentar a los trabajadores del ferrocarril, no es hasta 1880 cuando decide probar a exportar unas pocas bananas a Nueva York. El éxito es casi inmediato, y terminado el ferrocarril en 1890, Keith se dedica a plantar bananos por toda la costa atlántica, destruyendo miles de hectáreas de bosque. Para 1898, el 40% de todo el banano importado por Estados Unidos procede de las plantaciones de Keith, y la producción para la decada de los 90 es ya de millones de racimos.

Además, la construcción del ferrocarril permite intensificar la explotación maderera en la parte norte del litoral caribeño, y gran parte de los bosques cercanos a Barra del Colorado y Tortuguero fueron arrasados, aprovechando las vías fluviales existentes y construyéndose canales para transportar la madera hasta el nuevo puerto de Limón.

Tortuguero Canal
Los canales de Tortuguero faciltaron el acceso al pueblo del mismo nombre,
pero también la extracción de madera. Fuente
Con la creación de la United Fruit Company en 1899, Keith se asegura prácticamente el monopolio del cultivo y exportación del banano en América Central. El nuevo gigante empresarial intensifica la producción de banano en el Caribe sur y abre una nueva zona de explotación en el Pacífico Sur, en ocasiones con prácticas de dudosa moralidad. El Estado facilitó la instalación de la multinacional frutera, otorgando grandes concesiones e incluso ordenando el territorio a voluntad de la compañía. Las divisiones, distritos y fincas operativas se convierten así en unidades administrativas, y surgen numerosos pueblos en los lugares donde se asientan los campamentos de los trabajadores. Poco a poco, entre 1938 y 1984, el cultivo del banano se va abriendo camino hacia el sur, destruyendo miles de hectáreas de bosque tropical lluvioso. Paulatinamente, a raíz de la crisis de los años 30 y al “mal de Panamá” (enfermedad que destruye las raíces del banano), numerosas zonas bananeras fueron sustituidas por plantaciones de palma africana para producción de aceite.
La palma africana ha sustituido al banano en buena parte del Pacífico Sur

El “boom de la hamburguesa” y las políticas de conservación

A pesar de todo este historial, la mayor parte de la deforestación de Costa Rica se ha producido durante el siglo XX y en gran parte en la zona norte del país. Aunque ya existían explotaciones ganaderas desde el siglo XVI en la provincia de Guanacaste, a partir de los años 50 se produce en todo el país un auténtico “boom de la hamburguesa”, pasando en 30 años la superficie dedicada a ganadería de un 11% a más de un 30% (2,5 millones de hectáreas en 1990). Este boom fue además favorecido por una gran inversión extranjera y la concesión de créditos, particularmente del Banco Mundial y el banco Interamericano de Desarrollo. Aunque la tasa de deforestación se redujo a partir de los años 70, todavía en 1990 Costa Rica tenía una de las tasas más altas de Centroamérica.

Arriba, “potrero” (finca ganadera) en Guanacaste.
Abajo, bosque aclarado para favorecer el pasto en San Carlos.
Sin embargo, en las últimas décadas Costa Rica le ha dado la vuelta a la situación, implementando políticas de conservación que le han colocado en la vanguardia internacional en cuanto a gestión ambiental y que han permitido que el país actualmente gane terreno forestal. En 1970 se creó la red de Parques Nacionales, y en 1995 se aumentó espectacularmente la superficie protegida mediante la creación de numerosas reservas en bosques de titularidad privada. Actualmente, el Sistema Nacional de Áreas Protegidas incluye 28 Parques Nacionales y más de 1.284.543 ha, más del 25% del territorio nacional, protegiendo los principales ecosistemas del país y dando cobijo a la impresionante biodiversidad del país, de la que iremos hablando en las siguientes entradas.
 

2 Comments

  • Nuria Martinez Pascual

    26 mayo, 2012 at 08:08 Responder

    Tu post es muy interesante para entender cómo la Costa Rica que conocimos hace unas semanas ha llegado a ser lo que es a lo largo de la historia.

  • Multivac

    31 mayo, 2012 at 10:12 Responder

    Gracias!
    La verdad es que he disfrutado escribiéndolo y aprendiendo cómo lo que vimos ha llegado a ser lo que es.

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