Todos con la roja… oh, wait!

Me gusta el jurgol. Lo reconozco, me gusta. No me gusta que los equipos deban millonadas a Hacienda o a la Seguridad Social, que los jugadores tengan un régimen tributario especial o que los bancos perdonen las deudas a los grandes equipos a cambio de pelotazos urbanísticos. Tampoco me gusta que se utilice el fútbol para desviar la atención y hacer que la gente se pase el día hablando de lo que desayunó ayer Cristiano Ronaldo o de si España debe jugar con un 9 o con todos “los bajitos”. No me gusta, por tanto, la prensa deportiva ni el trato que se le da al deporte en los informativos, más cercano a la crónica rosa que a la información deportiva. Pero el deporte en sí mismo, lo que viene siendo el balompié, ese sí me gusta.
Siempre he pensado que eso de que es el opio del pueblo depende de uno mismo, y defiendo como plenamente compatibles ver un partido de fútbol durante una hora y media como entretenimiento y seguir siendo consciente de las injusticias, robos, chapuzas y desvergüenzas que nos rodean. Como quien va al cine, pero a precio de caviar, claro. Porque ese es uno de los problemas, que todo lo que rodea al fútbol está sobredimensionado, y encuentro totalmente fuera de lugar que las entradas a un partido sean de media 3 veces más caras en España que en Alemania o que las camisetas de cualquier equipo cuesten más de 70 leuros.
Sólo he tenido una camiseta de un equipo en mi vida, una camiseta de la Real Sociedad (mi equipo de siempre) que me regalaron los padres de un amigo como pago por darle clases de matemáticas durante un verano. Tampoco soy de los que va con la camiseta de fútbol al Carreful, así que la uso, básicamente, para jugar al fútbol. Porque, queridos lectores, aunque muchos os sorprendáis, resulta que he descubierto que las camisetas de fútbol son cojonudas para ¡jugar al fútbol! Son fresquitas, transpiran… Pero si os digo que el año que me regalaron la camiseta, la Real estuvo a punto de ganar la Liga, los más futboleros podréis haceros la idea de cuántos lustros hace ya de eso, e imaginaros en qué estado está ya la camiseta. El caso es que llevaba ya un tiempo pensando en jubilar esa camiseta y buscarle una sustituta. Pero no me decidía, no acababa de verlo claro…

Todo este rollo para contaros que por fin he encontrado sustituta de mi camiseta. Y ahora viene el bombazo que no os esperáis: he decidido hacerme con una camiseta de la selección española.

– ¿De la roja? – os preguntaréis, razonadamente extrañados.

Bueno, no exactamente. Os dejo que lo veáis vosotros mismos

 

¿Sorprendidos? Pues es, ni más ni menos, que una camiseta de la selección española… versión republicana. No me digáis que no es bonita, con su estrellica de World Champion y todo… La descubrí a través de El Jueves, y fue amor a primera vista. Política aparte, siempre me ha parecido mucho más bonita la bandera republicana que la monárquica o la del aguilucho, con ese morado tan fashion y tan único (ningún país, que yo sepa, tiene morado en su bandera). Pero no nos engañemos, que no es sólo por estética que la he comprado. Republicano desde que tengo uso de razón, me pareció una manera curiosa de juntar mi afición por el fútbol, mis inquietudes políticas y – porqué no decirlo – mi necesidad de una camiseta.

Puede que algunos penséis que es una soberana gilipollez, y probablemente tengáis razón, pero qué queréis que os diga, mañana en el partidillo semanal pienso lucir todo orgulloso mi camiseta de “la morada”.

1 Comment

  • Anónimo

    21 junio, 2012 at 14:08 Responder

    grande!!

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