Un pingüino en mi salón

No recuerdo exactamente qué día fue, pero hará aproximadamente un año que me cambié a Linux. En los últimos años le he cogido el gustico a eso de trapichear con los ordenadores, y llevaba tiempo preguntándome si sería para tanto ese sistema operativo tan molón y del que tanto y tan bien oía hablar. Tengo que reconocer que en realidad mi idea original era combinar Ubuntu con el Güindous y probar durante un tiempo a ver qué tal, pero si os habéis fijado he dicho que me gusta trapichear con los ordenadores, no que sepa hacerlo. Así que, como cabía esperar, algo debí romper y de repente me encontré a solas con el pingüinito y – quién dijo miedo – decidí tirar p’alante.
No vamos a diseccionar al pobre pingüino, para eso ya otros lo han hecho mejor
No soy un gran proselitista en estas cosas, siempre he pensado que allá cada cual con sus maquinitas y sus programas, y no me veréis haciendo una cruzada para convencer a todos los de mi alrededor de que Bill Gates es satán disfrazado mientras que Linux es el bien absoluto hecho software. Como os digo, allá cada cual. Así que tampoco os esperéis un post de “exaltación del software libre” en el que os diga que mi vida ha cambiado, que ahora soy infinitamente más productivo, que me ayuda a controlar mi nivel de colesterol o que “mi marido ha dejado de roncar”. Tampoco esperéis una guía ni un manual de cómo instalar Ubuntu, esos los podéis encontrar por cientos buscando un poco. Como ya os he dicho, queridos lectores, yo ni siquiera supe hacerlo bien, así que como para dar consejos. Pero sí que hay cosas, pequeños detallitos, que me han resultado curiosos o interesantes en este año de terminales, archivos deb y gestores de paquetes synaptic… (suena prometedor, ¿eh?).
Lo que más me ha gustado de la experiencia Ubuntu ha sido la ausencia de novedades. Desde el primer día, todo ha funcionado rápido, a la primera y sin dar ni un sólo problema. Ni cuelgues, ni mensajes de error, ni pantallazos azules de la muerte… sólo una agradable y casi olvidada sensación de normalidad. Vale, tampoco es que el Gïndous se me colgara todos los martes, pero para alguien que, como ya he dicho, le gusta trapichear e instalar y desinstalar cosas, no era raro que el ordenador acabara dando problemas o yendo cada vez más lento, lo que solía arreglar con el preceptivo formateo anual. Con Linux, en cambio, el ordenador va igual de rápido que el primer día, lo cual ya es decir mucho.
Igual me equivoco, pero en esto que acabo de decir igual tiene que ver que no necesite antivirus. En Güindous son muy necesarios, por no decir imprescindibles, pero acaban convirtiéndose en el programa que más recursos chupa y más ralentiza el ordenador. En esto sí que he notado diferencia, y por ejemplo ahora se me hace eterno lo que tarda en arrancar el ordenador del curro. De todas formas, sí que existen virus y antivirus para Linux, que conste, pero al menos yo llevo todo un año funcionando a pelo y no he tenido ningún problema.
Hay quien ve así los tres SO. No dejan de tener su parte de razón.

 

Además, está el tema de los drivers. Básicamente, no hacen falta. También hay que reconocer que Gates se ha puesto las pilas con esto en los últimos años, pero lo cierto es que he podido instalar impresoras, escáneres, cámaras de fotos, tabletas digitalizadoras y demás cacharricos sin tener que instalar un sólo controlador (al menos conscientemente, lo que pase por detrás sin que yo lo sepa es un misterio). Y oye, que está bien eso, que es cómodo y tal.
Una de las cosas que me asustaba del cambio es no saber manejarme, pero también en esto tengo que decir que es más sencillo de lo que pensaba. Por supuesto, se puede hacer todo desde el terminal (una especie de MS-DOS dónde se escriben las líneas de código), y de hecho los linuxeros más auténticos lo hacen así, pero si no te van las emociones fuertes, puedes manejarte sin problemas con ventanas, menús y ejecutables. La mayor parte del software se maneja desde el centro de software de Ubuntu, donde puedes encontrar los paquetes que quieras y, con dos clics, instalarlos. Así que no hay para tanto, no hace falta vivir en un cuarto oscuro rodeado de restos de pizza mientras escribes código como un poseso.
Por supuesto, está el tema de los programas. Hay muchos programas que no existen para Linux. Esto es asín, y hay que asumirlo. Algunos llegué a echarlos bastante de menos al principio, como el iTunes para gestionar la música o Picasa para las fotos. Pero después de buscar un poco por los foros encontré dos buenos sustitutos: Banshee y digiKam, ambos disponibles también para Güindous y perfectamente iguales (si no mejores) que los otros dos. En todo caso, cuestión de gustos. Aquí dejadme hacer un alto en el camino para remarcar que Google, a pesar de todo su aura de buenismo, no desarrolla casi ninguno de sus productos (de escritorio) para Linux. En Apple se entiende más porque de siempre su estrategia ha sido la de crear ecosistemas cerrados, pero en Google, no sé, me sorprendió más. Supongo que quieren que su propio sistema operativo acabe triunfando. Ya sabéis, don’t be evil, but don’t be stupid either…
Con el que sí que no he podido, y a Dios pongo por testigo que lo he intentado, es con OpenOffice, la versión libre del MS Office. Le he dado varias oportunidades, pero que queréis que os diga, me parece malo de solemnidad (fanáticos del software libre, podéis ponerme a parir en los comentarios). Pero incluso en este caso, incluso si hay un programa sin el que tu vida no tiene sentido y necesitas más que el respirar, aun así, ¡no desfallezcas, siempre puedes darte al vino!. Me refiero, por supuesto, a Wine, un programejo que nos permite ejecutar programas de Windows, y ¡hala! a seguir con nuestras vidas como si nada. Yo de momento sólo lo uso para el Word y Excel y algunos programas más específicos del curro (ArcGis, SigmaPlot…), pero se supone que funciona con todo, o casi.
Y bueno, habría más cositas para decir, pero creo que lo vamos a ir dejando por hoy, que empiezo a ver bostezos y caras de sueño al fondo de la sala. Como ya os he dicho, disto mucho (pero mucho, mucho) de ser un experto en estos temas, pero igual alguien andaba dudando y la información que doy aquí le ayuda a tomar una decisión. Para terminar, una reflexión curiosa sobre los SO y las actualizaciones.
Una vez más, doy fe que es así…

2 Comments

  • Paco Rodríguez

    19 junio, 2012 at 21:42 Responder

    Yo soy de los que me gusta trastear y lo he intentado varias veces con distintas distribuciones en mi afán de poder ser friki pero nada chico…no ha durado ni un mes… Coincido contigo en que el openoffice es infumable!

  • Multivac

    19 junio, 2012 at 21:58 Responder

    Paco, qué bueno que viniste!
    Pues yo tampoco es que tenga vocación de friki, y me hice bastante rápido, de hecho me sorprendió, pensaba que la "curva de aprendizaje" sería peor. Y lo del OpenOffice creo que incluso puede servir para distinguir al linuxero "ideológico" del "racional".

    Nos vemos!

Deja un comentario