A Bezoya se le va la olla

Volvemos, queridos amigos, a los vídeos esperpénticos. Y mira que yo no quería, pero es que ayer por la tarde he visto un comercial de Bezoya que me ha dejado ojiplático perdido. Y aunque me acosté recomendándome a mí mismo dejarlo correr, no puedo resistirme a compartirlo con vosotros:

“El agua quiere decirnos algo. Por eso fluye, salta, se agita. Persigue llamar tu atención”. (Toma ya!!)

 

Básicamente, la idea es que la belleza de los cristales de hielo (así, en abstracto) nos dice cuán próxima a la naturaleza (así, en abstracto) es un agua. Y como los cristales de hielo del agua de Bezoya son la capilla Sixtina de los cristales de hielo… pues podéis sacar conclusiones, porque el anuncio lo deja así como insinuado, en plan “no te digo ná y te lo digo tó“, suponemos que para no decir cosas que luego les puedan meter en problemas.
Viendo el cartel, ¿en qué estaría yo pensando?

Pero en realidad el protagonista del vídeo es Masaru Emoto, un venerable anciano japonés – ¿acaso hay alguno que no lo sea? – que afirma, entre otras cosas, que las palabras y pensamientos emitidos hacia una masa de agua influyen en la forma de los cristales de hielo obtenidos de ella. El señor Emoto se hizo relativamente famoso al aparecer en ese documental/batiburrillo new-age llamado ¿Y tú que sabes? (que reconozco que me tragué sin dudarlo en su momento, que por esa época uno tenía unos poquitos menos conocimientos de física y un mucho más de credulidad). Pero ¿quién es este señor y en qué se basa para justificar sus afirmaciones? 

Para empezar, y aunque en estos lares no somos amigos de los argumentos ad hominem, creo que es conveniente que sepamos que el señor Emoto no es doctor en Física o Bioquímica, ni siquiera está graduado en ninguna de estas disciplinas ni en Medicina, sino en Relaciones Internacionales, aunque es cierto que posteriormente se doctoró en la prestigiosísisisima Universidad Internacional Abierta de Medicinas Alternativas de la India. Pero como ya he dicho, lo importante es si lo que dice es cierto o no.
Emoto asegura que “el pensamiento humano, las palabras, la música o el etiquetado de los envases influyen sobre el agua. Por lo tanto, como nosotros somos en un 70-80% agua, deberíamos comportarnos igual”. Para justificarlo, alega que los cristales de hielo procedentes de agua “tratada” con pensamiento positivo son más bellos que los que proceden de agua sin tratar. Estas afirmaciones fueron desde el principio puestas en duda por la comunidad científica – puntillosos ellos – por el pequeño detalle de que no existe ni una sola prueba de que esto sea así, y tampoco hay ningún mecanismo, ni conocido ni potencial, que pueda ocasionarlo. Eso dejando aparte que si Emoto tiene razón, la mayor parte de la Física y Química modernas resultarían ser erróneas.
Diferentes cristales de hielo. Y a mí que me parecen todos preciosos…
Otro venerable anciano ya casi habitual de esta casa, James Randi, ofreció públicamente a Emoto un millón de dólares si era capaz de demostrar sus afirmaciones en un estudio en condiciones controladas, es decir, siguiendo un protocolo de doble ciego, en el que ninguno de los participantes en el estudio supieran si la muestra que estaban analizando había sido tratada o no. Aunque Emoto nuncá contestó, sí que hizo esfuerzos por dotar a sus estudios de cierto respaldo científico. En concreto, nuestro amigo publicó en 2006, en la revista Journal of Science and Healing, un estudio titulado Double-Blind test of the effects of distant intention on water, en el que 1800 personas sugestionaban, desde Tokio, dos botellas de agua ubicadas a 8000 km de distancia (WTF!), en California. Las dos botellas, junto con otras dos de control, se enviaron después a Emoto, quien las analizó y concluyó que los cristales de hielo de las botellas tratadas eran significativamente más hermosos que los del control. Dejando aparte la subjetividad del concepto de “belleza”, el propio Emoto reconoció que dejaba que el fotógrafo tomara unas 50 fotos de cada muestra de hielo, y que él personalmente elegía la que “más representaba el espíritu de la muestra”. ¡Bravo, señor Emoto, eso es rigor!
El caso es que el proceso de formación de cristales de agua se conoce bastante bien, y se sabe que pequeños cambios en la temperatura, humedad, etc. llevan a la formación de diferentes tipos de cristales de hielo, así que en una misma muestra podemos encontrar de todo, desde hermosos hexágonos hasta feas amalgamas. Por supuesto, el artículo fue rápidamente rebatido, así que Emoto volvió a intentarlo en 2008, pero esta vez se aseguró de que las condiciones experimentales fuesen aceptadas por los científicos a priori, antes de hacer los experimentos. Para ello, tuvo que ceder en que las fotos se tomaran de manera sistemática en unas coordenadas dentro de la muestra, y no, donde el fotógrafo quisiera. Con estas condiciones, repitió el experimento con los 1800 “inducidores”… y los resultados no dejaron lugar a dudas: no había diferencias entre las muestras.
Ante esto, Emoto afirmó que los efectos de la sugestión quedan fuera de la ciencia tal y como la conocemos actualmente y por lo tanto, que sus teoría no podían ser ni comprobadas ni refutadas (¿donde he oído yo esto antes?), y siguió defendiendo sus postulados como si nada de lo anterior hubiera ocurrido. Algo a lo que parecen haberse apuntado los amigos de Bezoya, que haciendo una amalgama de las ideas de Emoto y del principio de “memoria del agua” de la homeopatía, nos dicen que los cristales serán más bellos cuanto “más próxima a la naturaleza” esté el agua analizada.
¡Ay, qué majete!

Pero con la cara de buena gente que tiene este hombre, ¿no será un incomprendido, un adelantado a su tiempo denostado por la comunidad científica? Eso, queridos lectores, sólo el tiempo lo dirá, pero mientras tanto el pobre señor Emoto ha creado una empresa que tiene como objetivo primordial “la educación, consultoría, trabajo para el bienestar, desarrollo del agua original y, en general, cualquier cosa que pueda traer la paz al mundo” (snif!), y que vende casi una decena de productos relacionados con el agua (filtros, recipientes, música que revitaliza el agua), entre ellos agua Hado embotellada, “más fácilmente asimilable a nivel celular”, por el módico precio de 35 dólares el cuarto de litro. Mientras tanto, él se dedica a dar conferencias, vender libros (más de 2 millones), dar clases de formación de instructor Hado, y  a decir que puede predecir terremotos a través de los cristales de hielo.

Yo, personalmente, lo que saco en claro es que no pienso volver a comprar agua Bezoya, y que espero que el señor Emoto no tenga razón, ya que si no cobraría un nuevo sentido la famosa canción…

4 Comments

  • Pareidolico

    1 julio, 2012 at 09:43 Responder

    Buen post. Estaba dudando de si dedicarle una entrada o no a esto. El eterno dilema: la tentación de hacerlo es muy grande porque tanta mala ciencia me pone enfermo, pero por otro lado, esta gente al final consigue publicidad, que es lo que quieren, aunque sea con controversia (yo diría que les favorece y la buscan, más bien).

    Saludos.

  • Multivac

    1 julio, 2012 at 11:24 Responder

    Gracias por comentar, Pareidolico. Yo también me lo estuve pensando, más que nada porque al final uno corre el riesgo de convertirse en un gruñón. Pero al final pensé que valía la pena decir algo, quizá para saldar la cuenta pendiente de que en su día me tragué "¿Y tú qué sabes?" e incluso la difundí entre los conocidos. Ay, la juventud… ;-P

    Un saludo!

  • Copépodo

    9 julio, 2012 at 07:43 Responder

    Me ha encantado la entrada. Cuando vi el docu-anuncio de los de Bezoya flipé como los pepinos coloraos. Lo de la "Capilla Sixtina" te ha quedado muy bien. Haciendo memoria, recordé que la primera vez que oí hablar sobre los cristales mágicos del agua y tal fue precisamente… ¡en Redes! Es sólo una anécdota tonta, pero pese a que hoy en día Punset está ya un poco de capa caída, me acuerdo que hace no mucho era como el súmmum de la divulgación científica, y claro, yo me acordaba de aquello del agua, su memoria y sus cristales y pensaba que cuánto espabilado hay por el mundo.

  • Multivac

    9 julio, 2012 at 09:36 Responder

    Coñe, Dr. Copépodo, es todo un honor recibirle en esta humilde morada!

    Yo vi a este entrañable señor en la peli "¿Y tú qué sabes?", y como ya digo, al principio me lo tragué todo sin cuestionar ni mu. Claro que luego empieza uno a darle vueltas al tema, y como que algo no encaja…

    Respecto a Punset, yo mismo lo consideraba el "no va más" y tu anécdota en parte responde a una duda que tenía hace tiempo: si era Punset el que había derivado hacia el rollito new age o era yo que me había vuelto más "escéptico" y tocapelotas. Imagino que un poco de todo, pero si ya por aquellos tiempos andaba entrevistando a listos como Emoto, supongo que es que siempre fue así.

    Saludicos y gracias por comentar!

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