De casa al trabajo…

Ahora que estamos en agosto, supongo que muchos de vosotros estaréis de vacaciones. Pero que sepáis que no me dais envidia. Bueno, un poco sí, pero sólo un poco. Porque desde hace unos días estoy disfrutando como un enano de algo a lo que normalmente no le damos importancia: el camino al trabajo. El caso es que hace poco más de una semana que me mudé al mismo pueblo en el que trabajo (Solsona), de manera que lo que hasta ahora era media hora de tedioso viaje en coche se ha convertido en media hora de agradable paseo.
Empiezo cruzando las calles del casco viejo de Solsona, con sus calles empedradas, sus arcos, sus soportales y su catedral, para después enfilar el GR-7 (Andorra-Gibraltar) que sigo casi hasta que llego. Al trabajo, claro, no a Andorra. El camino transcurre todo el rato paralelo al río Negre, cruzando huertas, vegas, alamedas y pequeñas manchas de robledal, y la cercanía del río hace que haya una gran diversidad de árboles y arbustos: alisos, chopos, plátanos, olmos, fresnos, robles, encinas, saúcos, endrinas, escaramujos, majuelos… ¡Un lujo!

¡Morid, morid de envidia!

Las calles del casco viejo, engalanadas
A esas horas aún no hay mucha gente…
La catedral, incrustada en las murallas de la ciudad

 

Salimos del casco viejo y tomamos el GR-7
Paseo flanqueado por plátanos de sombra (Platanus x hispanica)

 

Abandonamos la pista del GR-7 y tomamos un pequeño sendero entre bosques y huertas
Se nota en todo momento la humedad de tener el curso del río cerca

 

Simpáticos amigos que siempre saludan al pasar. Creo que me van conociendo

 

El camino se aleja del río y cruza un pequeña mancha de robles y carrascas

 

Si alguien sabe para qué se usaban estas cuevas, tiene los comentarios a su disposición

 

Ya llegando. Sólo nos falta un pequeño tramo de unos 200m por carretera

 

No Comments

Deja un comentario