Duarte y la cruzada contra los predoctorales

Publicaba ayer El País, en su edición online, una columna de opinión sobre la gestión de la I+D+i en España firmada por Carlos M. Duarte, investigador del CSIC y probablemente uno de los científicos españoles más reconocidos, sobre todo a raíz de su papel de coordinador en la interesantísima Expedición Malaspina 2010. Duarte es profesor de investigación en el CSIC y Director del Instituto del Océano de la Universidad de Western Australia, autor de varios cientos de publicaciones científicas… vamos, que no es un recién llegado al mundo de la investigación, por lo que siempre es interesante escuchar qué tiene que decir al respecto.
Duarte compara el funcionamiento de la ciencia al de un gran trasatlántico o un carguero supercontenedor que, con una gran inercia, exige movimientos de timón suaves y sobre todo planificados con mucha antelación. Recuerda al símil que establecía J.M. López Nicolas, autor de Scientia, cuando decía que “la ciencia no es como un coche: si se para, luego ya no arranca“. Las razones que da para esta comparación, que comparto a grandes rasgos, son “el largo período necesario, a menudo de más de 10 años, para la formación de investigadores y para que una idea se convierta en una realidad con suficiente capacidad transformadora como para introducir innovaciones y oportunidades de desarrollo económico o social“, totalmente incompatible con “los ciclos políticos, marcados por la duración de las legislaturas“. Siguiendo con el símil náutico, afirma después que en las últimas décadas se ha gobernado la ciencia como si fuera una lancha motora, con movimientos bruscos, tanto acelerones presupuestarios cuando las cosas iban bien como frenazos bruscos ahora que no hay un duro. También comparto esta parte del análisis, y creo que tiene razón cuando afirma que la aceleración de la inversión creó algunas estructuras ineficientes, algunas duplicidades difícilmente explicables que él mismo comenta.
Ni lancha ni supercarguero. ¿Y si la ciencia española se ha dirigido así?
Pero después, Duarte arremete contra los jóvenes investigadores por su “empeño egoísta y miope en profesionalizar la formación científica, impulsados por la abundancia“, empeño que “es en buena parte responsable de que los jóvenes que ahora acaban la universidad no puedan iniciar una carrera investigadora“. Las becas de doctorado, dice, se han sustituido por contratos, más caros para el “contratante”, y por lo tanto se ha tenido que reducir el número de plazas disponibles (el subrayado es mío). Razonamiento brillante, sin duda, y que exime de culpa, de un plumazo, a los sucesivos recortes presupuestarios que se han venido aplicando.

Las críticas de Duarte se refieren, sin citarla, a la Federación de Jovénes Investigadores (FJI-Precarios), una asociación que lleva años luchando por la consideración profesional de la fase predoctoral, y que ya le ha contestado mediante un comunicado. Cuando esta asociación (de la que, aclaro, no formo parte) se constituyó, allá por el año 2000, a lo más que podía optar un doctorando en España era a una beca, sin cotización a la Seguridad Social, sin derecho a paro, sin aplicación de ningún tipo de convenio colectivo y, en muchos casos, sin cobertura de riesgos laborales. Por suerte, y gracias en buena medida a la labor de la FJI, la situación ha cambiado mucho. Hace unos años se consiguió aprobar el Estatuto del Personal Investigador en Formación, implantando un modelo 2+2 (dos años de beca y dos de contrato en prácticas) y asegurando cobertura social durante los cuatro años, y finalmente, con la nueva Ley de la Ciencia, la fórmula se ha establecido en un 0+4, siendo los doctorandos contratados desde el principio. Eso – y creo que es importante recalcarlo – en el caso de aquellos que consiguen financiación por parte del Ministerio, que no son todos ni mucho menos.

Es innegable que un contrato supone un coste superior al de una beca. Y hasta quizá podría discutirse si en el entorno de escasez presupuestaria puede ser más o menos adecuado optar por una opción o por otra. Pero el ataque a los investigadores predoctorales en general, y hacia la FJI en concreto, en los términos en que lo hace, llamándoles egoístas, es del todo injusto e inadmisible. Porque no todo se trata de dinero, señor Duarte, se trata de derechos laborales.  Se trata del trabajo realizado. Yo mismo he disfrutado, entre 2008 y 2012, de una beca FPU, concedida por el Ministerio de Educación, y probablemente una de las más prestigiosas que puede conceder un organismo público en España. En mi caso, la fórmula respondía al 2+2 del que hablaba antes: 2 años de beca, 2 años de contrato (en prácticas, no lo olvidemos). Durante este tiempo, he tomado datos en campo, he publicado artículos científicos, he asistido como ponente a varios congresos y seminarios, he colaborado en tareas docentes en un par de asignaturas en la Universidad. Vamos, como cualquier otro doctorando. COMO CUALQUIER OTRO INVESTIGADOR. Un sector donde, por otra parte, el proceso de formación es continuo, no existe sólo en la fase predoctoral.

Yo he tenido la suerte de ir a caer en un grupo de investigación y con un director de tesis que desde el principio ha confiado en mí y del que sólo puedo hablar maravillas, pero podría no haber sido así. Podría haber caído en uno de esos grupos que tiene a sus becarios explotados, dedicados a las tareas más ingratas y repetitivas y a quitarle marrones de encima a su director, uno de esos en los que te hacen sentir como una mierda desde el primer día… creo que no hace falta que siga, todos sabemos a lo que me refiero. Podría haber caído ahí, y una beca me habría dejado a merced de los caprichos del jefe de grupo, sin más derecho laboral que el derecho a dejar ese trabajo si no me gusta, ya vendrá otro a hacerlo.
Pero ya que Duarte habla de dinero, hablemos. Como ya he dicho, no podemos negar que el coste del contrato es superior al de la beca, pero hay que dejar claro que este sobrecoste no es por un mayor salario del trabajador, sino que viene derivado del pago de cotizaciones a la Seguridad Social y del IRPF, que de esa manera acaban volviendo en parte a la sociedad. Como ejemplo, cuando yo estaba en la fase de beca, mi sueldo neto mensual pasaba por poco de los mil euros. Y cuando, tras dos años, pasé a contrato, el sueldo neto se redujo. Ah, y por supuesto, el carácter temporal de esta beca no impidió que se me aplicaran los sucesivos recortes salariales del 5 y el 7%, igual que al resto de trabajadores públicos (es importante recordar que no sólo se aplicó a los funcionarios como el señor Duarte).
Ignoro porqué Duarte arremete de esta manera contra la FJI y contra los predoctorales. Uno podría pensar que la reciente ola de calor en Australia, desde donde escribe, ha tenido algo que ver. Pero no, porque no es la primera vez que lo hace. Duarte ha emprendido desde hace ya un tiempo una especie de “cruzada” contra los becarios predoctorales, a los que ya en junio pasado pintaba, en un articulo publicado en el Huffington Post, como una élite de caprichosos que llega tarde a trabajar y disfruta de fines de semana caribeños al más puro estilo Dívar, y donde acusaba a la FJI de elitista por llamarse a sí mismos precarios “cobrando 1000 euros” frente a los “verdaderos precarios: los jóvenes que no consiguen empleo; los padres y madres de familia que tienen que sacar adelante su casa (…) instalados en el paro de larga duración; los ancianos de cuya pensión (…) dependen dos generaciones“. Sorprendente que llame privilegiados y elitistas a los doctorandos alguien con un puesto fijo y con unos proyectos de investigación tan generosamente financiados (y con justicia, sin duda).

Y sorprende aún más de alguien que hace un par de años publicaba en El País otro artículo donde defendía la consolidación de los jóvenes investigadores y sugería un sistema de contratación indefinida para dotar de competitividad al sistema español de I+D. ¿Qué ha pasado desde entonces para que ahora cargue así? No le conozco de nada, así que lo ignoro. No se si Duarte no es consciente de la importancia de los becarios predoctorales en la producción científica de muchos grupos de investigación, donde muchas veces son los verdaderos motores, o si, por el contrario, es muy consciente de ello y le molesta que, a partir de ahora, no le cuadren los números. Pero de lo que creo que no es consciente es del daño que hace al colectivo de los predoctorales, del escupitajo en la cara que representa que publique este tipo de cosas en un diario como El País. Como sugería Eulez, parece que haya caído en una especie de síndrome de Estocolmo que hace putear al que ha sido puteado. Si no fuera por el daño que hace, su postura no deja de recordarme a los Four Yorkshiremen, aquel gag de los Monthy Python en el que cuatro hombres discuten, sentados en sus sillones, con una copa de vino caro en una mano y un habano en la otra, sobre quién de ellos era más pobre en su juventud, y cómo no se quejaban y eran felices a pesar de esa pobreza.

– Intenta explicarles eso a los jóvenes de hoy en día – dicen – y no te creerán.

 

7 Comments

  • Dr. Litos

    23 enero, 2013 at 13:29 Responder

    Muy bien explicado y respondido. Esto es inadmisible. Yo también he tenido la suerte de haber sido considerado desde el mismísimo principio como uno más dentro de un grupo de investigación, un investigador más, un compañero, parte de un equipo; con menos experiencia, pero igual en derechos y deberes. A veces esto no se da siquiera a nivel de trato personal, no digamos ya exigir una igualdad de condiciones laborales. Al fin y al cabo aquí se habla de eso, de igualdad. Los científicos se forman durante toda su vida profesional, pero también PRODUCEN (sí, el conocimiento es producción, aunque cueste de entender) como bien has explicado, desde el mismísimo comienzo de sus tesis hasta el final. Llamar egoísta a alguien que exige cobertura de riesgos para un trabajo que implica MUCHOS (tú mismo has dicho la de veces que habrás pateado el monte, seguramente tú solo en muchas ocasiones; no te digo ya la de sustancias tóxicas o aparatos peligrosos que manejamos a diario), o cotizar en la seguridad social, es inmoral. No sé de verdad en qué estaría pensando este señor.

    Finalmente, decir que me parece irrisorio en términos meramente cuantitativos el "gasto" que pueda suponer convertir becas en contratos, comparado con la gestión que se hace no ya de otros temas, sino en el propio ámbito del I+D (creando institutos enteros que luego están vacíos, sin ir más lejos, o burrocratizando todo de manera demencial). Pero vamos, no entiendo de economía, supongo que este hombre escribirá con mayor conocimiento de causa… ¿o no?

  • Biónica

    23 enero, 2013 at 13:44 Responder

    Suscribo, buena réplica…

    Saludos,

  • Anónimo

    23 enero, 2013 at 14:28 Responder

    Leer a Duarte tales cosas clama al cielo. Hay quien pasa por la ciencia sin que la ciencia pase por ellos. ¿Un contrato predoctoral es más caro que una beca? Pues claro, Sr. Duarte, pero más caro es aún el contrato de un Ayudante o de un Profesor de Investigación del CSIC y nada dice usted de la necesidad de convertirlos en becarios. Un mínimo sentido de lógica y coherencia discursiva le obligaría a usted a renunciar a su contrato, en aras de las arcas públicas, y aceptar una beca de investigación. Tengo la completa seguridad de que su dilatada carrera investigadora y los contratos que conseguirá en el extranjero le permitirán vivir dignamente, beneficiando con su renuncia al sistema español de Ciencia y Tecnología. Sin embargo, exige usted que los predoctorales estén de beca en beca, ¿hasta cuándo? ¿hasta doctorarse? ¿y después? ¿28, 29, 30 años y ni un día cotizado? Señala con el dedo a los investigadores mileuristas, que exigen dignidad laboral, reclamándoles que vuelvan al claroscuro de las becas sin derechos. Vuelva usted, que la única predicación posible es la que se da con el ejemplo.

  • Anónimo

    23 enero, 2013 at 14:32 Responder

    Falta de presupuestos o no lo que al señor Duarte ni se le pasa por la cabeza es defender que los investigadores dejen de ser funcionarios y que realmente se puede analizar su productividad para evitar que haya esos dinosaurios en activo de los que habla. Quizá así el acceso y permanencia a la carrera científica sería más justo para los jóvenes y no los tanto y para la sociedad nos paga.

  • Anónimo

    23 enero, 2013 at 19:44 Responder

    Como antiguo becario predoc (ahora postdoc por esos mundos de Dios) y miembro (inactivo de FJI), sólo queria darte las gracias por tu estupenda respuesta al señorito Duarte. ¿Has pensado en enviar tu respuesta al País y que la publiquen como réplica a la del susodicho? Aunque creo que desde USO también lo estan intentando con su respuesta y de momento gana la censura.

  • Multivac42

    23 enero, 2013 at 23:05 Responder

    Gracias a todos por los comentarios. Aunque ayer había quien pensaba que era mejor no darle más bola al texto, finalmente me pudo la rabia y me decidí a escribir algo. Cada uno puede tener su opinión al respecto, pero como dice el Dr. Litos, creo que no es admisible que se llame egoísta, privilegiado o elitista a todo un colectivo que lo único que ha pretendido lograr es una equiparación de derechos con el resto de trabajadores.

  • Copépodo

    24 enero, 2013 at 03:36 Responder

    Me alegro de que te hayas decidido a replicar, es muy necesario y cuantos más mejor. Coincido con todo lo que dices y me lamento de lo triste que es que quienes empecemos poniéndonos zancadillas seamos nosotros mismos. Hay incluso demasiado becario que se regocija en la precariedad y la explotación. De aquellos barros…

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