Éxito sin precedentes de una especie invasora: convertirse en símbolo nacional

Por todas partes, arces

Si hay una planta o un árbol con el que se asocie Canadá, es sin duda el arce. Aunque no son ni de lejos las especies más abundantes del país, las 10 especies autóctonas del género Acer se distribuyen fundamentalmente por los bosques caducifolios del sur, donde vive la mayor parte de la población.  Los arces han sido muy apreciados como fuente de madera y, sobre todo, de leñas, pero la relación con este árbol va más allá y entra de lleno en el plano cultural: no sólo contribuye a dar al paisaje ese característico color rojizo otoñal, sino que uno de ellos (Acer saccharum) es además fuente de uno de los alimentos más típicamente canadienses: el famoso jarabe o sirope de arce. Hasta tal punto llega la relación de este pueblo con sus arces que, como ya sabemos, su hoja forma parte de la propia bandera del país y es uno de los símbolos nacionales más reconocidos internacionalmente.

Por eso, muchos canadienses están que trinan con la nueva remesa de billetes de 20, 50 y 100 dolares que el Banco Central ha puesto en circulación en los últimos meses. La verdad es que la tirada ya fue polémica desde el principio, cuando se supo que los billetes estarían hechos de un polímero plástico en vez del tradicional papel, alegando mayor resistencia y mayores trabas para la falsificación. Y la polémica aumentó cuando empezaron a llegar quejas de ciudadanos que aseguraban que sus billetes se fundían cuando estaban demasiado cerca de una estufa o una chimenea.

Pero para mucha gente, lo de ahora es peor, mucho peor. Y es que según distintos expertos, la hoja de arce que adorna el billete justo encima del número no corresponde a ninguna de las especies de arces del país, sino al arce noruego o arce real (Acer platanoides). ¡Ultraje!
El billete de la discordia. Curiosamente, la presencia de una reina británica no ha sido esta vez la fuente de la polémica.

Pero, teniendo 10 especies autóctonas de arce para elegir, ¿es realmente posible que se haya cometido un error tan burdo? ¿En definitiva, que la hayan cagado tanto? Pues si comparamos la forma de la hoja del arce azucarero (Acer saccharum), que es el representado en la bandera de Canadá, con la del arce noruego (Acer platanoides), parece que el error es evidente. 

Busca las 7 diferencias: a la izquierda, Acer saccharum, a la derecha, Acer platanoides

Pero según el Banco Central de Canadá no hay ningún error, y aseguran que la hoja de los billetes no pretende representar ninguna especie en concreto, sino “una amalgama estilizada de todas las especies de arces del país“. Juzgad vosotros mismos, pero vista la variedad de formas de las hojas de arce, la justificación parece, cuanto menos, cogida con pinzas. Parece que en España no tenemos el monopolio de las explicaciones absurdas.

Hojas de las 10 especies de arces canadienses y, en medio, la polémica hoja de arce noruego (A. platanoides)

 

Pero es que además tampoco sería la primera vez que esto pasa: ya en 2007, una hoja de arce noruego se coló en el logo del Mundial sub-20 de fútbol, e incluso la Universidad Wilfrid Laurier de Ontario ha adoptado esta hoja como símbolo. Y es que después de todo no sería tan raro que realmente hayan metido la pata. Aunque el arce noruego no es una especie autóctona de Canadá sino que es originaria de centroeuropa (en España sólo lo podemos encontrar en algunas zonas de Pirineos y la cornisa Cantábrica), no es tan raro verlo en los bosques canadienses, así que bien podría ser que los diseñadores hubieran cogido una de sus hojas como modelo sin saber qué especie estaban utilizando. Pero es que además el error va más allá. Se cree que esta especie fue introducida en Norteamérica a principios del siglo XVIII por un comerciante de Philadelphia, y aunque inicialmente sólo se usaba en jardines (será que no tenían suficientes especies de arces autóctonas para elegir) poco a poco se fue extendiendo de forma que en el este del país, como ya os he dicho, no es tan raro encontrarla. Hasta tal punto se ha extendido y ha tenido éxito, que en algunos lugares se ha observado que empieza a desplazar a los arces autóctonos, por lo que hoy en día se la considera ¡una especie invasora!. Vamos, que se han cubierto de gloria.
 
De momento, no han faltado voces que han pedido la retirada de todos los billetes emitidos, pero el Gobierno asegura que no piensa hacerlo, sobre todo ahora que ya hay más de 400 millones de billetes en circulación. Visto desde aquí, donde ni siquiera tenemos un árbol emblema oficial (o al menos yo no lo he podido encontrar, si bien parece que hace unos años se propuso como candidato la encina), la polémica puede parecer absurda. Pero como explicaba antes, en Canadá con los arces no se juega. Y muchos aún no entienden cómo una especie alóctona e invasora ha llegado a colonizar incluso los billetes, convirtiéndose, aunque sea por error, en símbolo nacional.

 

Este post participa en la XX edición del Carnaval de Biología, que se hospeda en esta santa casa

6 Comments

  • Andreu

    21 enero, 2013 at 11:28 Responder

    Gran entrada. En el caso que cuentas es un error, pero mucha gente tiene por emblemáticas especies que son invasoras: desde las cañas (Arundo donax) hasta el siluro, que para algunos es un símbolo en determinadas áreas (embalses del Ebro, por ejemplo).
    No conocía la historia de los billetes; la verdad que el diseñador… En fin 😉

  • Jaime

    21 enero, 2013 at 11:47 Responder

    Interesante, como siempre!
    Algunos apuntes innecesarios:
    – ¿a quién se le ocurre acercar los billetes a las estufas y chimeneas a ver cuándo se empiezan a fundir?
    – les clavan en los billetes el jeto de la reina de Inglaterra (no haremos la broma fácil sobre las especies invasoras) y lo que les molesta es una hoja de árbol
    – puestos a sacar rarezas entre árboles y banderas, en la del Líbano sale un cedro, cosa bastante sorprendente en un país con tan poco bosque y del cual una mínima parte es, efectivamente, cedro…publicidad engañosa flagrante

  • Multivac42

    21 enero, 2013 at 12:40 Responder

    Andreu: pues hay que tener cuajo para hacer al siluro un símbolo de nada. Me recuerda una campaña que hubo de la Generalitat (M'agrada Catalunya, creo que se llamaba) donde ponían una foto de una playa "virgen" completamente cubierta de una tapizante invasora.

    Jaime : lo de las chimeneas hay que ponerlo en el contexto de que hace un frío del carajo, y claro, uno se arrima al calor, ser arrima… Lo de la reina si que es curioso, recuerdo cuando estaba por allí que una chica me preguntó cómo era eso de tener rey en España, que qué raro. Y cuando le dije que ellos también tenían se quedo así como pensativa…

  • Copépodo

    22 enero, 2013 at 01:55 Responder

    ¡Genial entrada, me ha encantado!

    Bueno, bueno, bueno. ¡Si me he puesto hasta yo de mala leche y ni soy canadiense ni nada! Con razón hay mosqueo, no es para menos. El Acer saccharum es un árbol muy noble. no sé si has probado el auténtico sirope de arce, o si aún tienes la suerte de tener por delante esa experiencia, pero dudo que te decepcione. Al contrario de lo que pudiera parecer (por nuestra experiencia previa con siropazos industriales que no merecen tal nombre), el sirope es un producto apreciadísimo, con varios grados, denominaciones de origen y un aprecio similar al que podríamos tener nosotros al aceite, ¡y no es para menos! Esa dulzura suave que no empalaga, con aroma a madera, a bosque, a campo, te transporta en pleno desayuno a una cabaña en mitad de la montaña, junto a la chimenea, viendo caer la nieve en el exterior. ¡Una especie tan noble merece todas las consideraciones heráldicas que haga falta! ¡Ole por los canadienses! ¡Caca para los responsables del gazapo!

    Y por si no hubiese soltado suficiente rollo, dos anécdotas personales:

    1. Nueva Inglaterra también es productora de sirope de arce, y tengo la suerte de contar en la cooperativa de mi pueblo adoptivo con un surtido A GRANEL de sirope local. Lloro de la emoción cuando me lo echo en el yogur o en las tostadas. Puede que tenga difícil acceso al jamón, pero también existen contrapartidas.

    2. En mi primera excursión por un bosque otoñal en Connecticut (2008), siendo aún totalmente ignorante de su flora, me ponía yo a recoger cuanta rama de árbol que veía para identificarlos luego en casa con la clave. Y cogía yo arces alegremente pensando, ¿será uno de estos el "saccharum"? Pues bien, en esa primera excusrión el chascazo fue total: todos los que recolecté eran o Acer platanoides o Acer pseudoplatanus, las dos especies introducidas por los europeos.

    Reflexión borrica: es bueno saber que nuestras especies también son invasoras. ¿No nos comemos nosotros las robinias? ¡¡Pues toma pseudoplatanus!! Jojojojo

    Y hale, ya me callo.

  • Multivac42

    22 enero, 2013 at 20:20 Responder

    @copépodo: Ya sabía que en nueva Inglaterra también le dan con fruición al sirope, de hecho por lo que me contaron hay una especie de rivalidad entre esta región, Ontario y Quebec por ver quién hace el mejor sirope y quien es más fan del Acer saccharum. Y no se los otros, pero los quebequeses lo son, y mucho.

    Sí tuve la suerte de probar el sirope, y es cierto que la identidad con el producto es parecida a la que hay en Aquí con el jamoncico, pero creo que no acabo de compartir del todo tu pasión por esta golosina. A ver, está rico, muy rico, y tiene un innegable gusto a madera (no como los vinos, que nunca se lo he visto), pero para mi gusto llega a ser demasiado dulce. En el yogur o tostadas está bien, pero es que mis compañeros de piso se lo ponían con fruta, en el café, encima de una tortilla francesa o incluso en los beans. Y eso era demasiao para mí. Pero vamos, teniendo al lado la producción del pueblo a granel, aprovéchala, sin duda! De todas formas, conocí gente que tiene una cabañita de esas donde hacen el sirope casero (cabane à sucre, le llaman allí), así que quién sabe, quizá algún día incluso puedo ver cómo lo hacen, documentarlo, y contarlo por aquí.

    Respecto a las invasoras, la verdad es que tampoco me fijé demasiado porque me dijeron que casi todo los Acer que había por allí eran saccharum, así que simplemente, me lo creí. Pero si viene de Filadelfia tampoco me extrañaría que fuera más problemático en Nueva Inglaterra que en Quebec.

    Me alegro de que te haya gustado la entrada!

  • Aitor Calero García

    28 enero, 2013 at 10:22 Responder

    "donde ni siquiera tenemos un árbol emblema oficial" En Madrid sí 😉 El malogrado madroño y no menos malogrado oso

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