De vuelta de Vitoria (mi valoración personal del 6º Congreso Forestal Español)

La semana pasada se celebró en Vitoria el sexto Congreso Forestal Español. Los que me seguís por Twitter ya lo sabréis, porque la verdad es que me tomé en serio eso de ir tuiteando las conferencias y me puse bastante intenso con el tema. Aprovecho para dar las gracias a aquellos que me reconocisteis por el seguimiento, y para disculparme con los que lo soportasteis aunque no os interesara lo más mínimo. Para estos últimos, tened en cuenta que el evento se celebra sólo una vez cada cuatro años, así que espero que entendáis la emoción. Cosas del directo.

Cartel del reciente CFE
Desde el principio, o al menos desde que yo lo conozco, el Congreso Forestal Español ha sido un congreso un tanto atípico. Bueno, no sé si en otros sectores existirán cosas similares, pero para mí, acostumbrado a los congresos más puramente científicos, lo es. Y lo es precisamente por lo heterodoxo, porque reúne a buena parte de la gente que hacemos investigación en temática forestal, sí; pero también a otros componentes de este sector: gestores, propietarios forestales (públicos y privados), personal de la Administración, bomberos, empresas… Eso lo convierte en una especie de foro, una plaza pública donde buena parte de las personas que trabajamos en, sobre o para el bosque nos reunimos, una manera excelente de calibrar por dónde van los tiros en el sector forestal español.
Tal y como explica en esta entrada Javier Madrigal que le pasó a él en su día, los dos últimos congresos, los dos únicos a los que he asistido, me han coincidido en momentos personales y profesionales bien distintos. Hace cuatro años, en Ávila, presentaba los resultados de mi proyecto final de carrera y los primeros datos analizados para la tesis. Este año, en Vitoria, lo que presentaba era precisamente un resumen de la metodología y el trabajo realizados durante la tesis, 4 años de trabajo condensados en 10 minutos. Si el 5CFE supuso mi estreno en este tipo de eventos, en cambio el 6CFE de Vitoria ha sido en buena medida un cierre de ciclo, una recopilación y una despedida de compañeros a los que sé que no volveré a ver en un buen tiempo.
Y si los momentos vitales eran distintos, también lo han sido las sensaciones con las que me he marchado de cada uno de ellos. En Ávila, como decía, yo era un lechón recién salido de la Universidad, y veía el congreso como algo de otro mundo, un evento donde se reunían los que más sabían, y donde yo no sería capaz de aportar nada. Y sin embargo, debo confesar que me llevé una decepción impresionante. No sólo porque tuviera expectativas demasiado altas – que también – sino sobre todo porque descubrí que el nivel medio de las presentaciones era bastante bajo. No hablo sólo del nivel científico o académico, sino del nivel en general. Hubo de todo, por supuesto, como no puede ser de otra manera en un evento tan grande, pero reconozco que la sensación general que me quedó fue la de, por un lado, un montón de “viejos expertos”, cada uno soltando su rollo, cada cual más largo, aburrido y convencional que el anterior; y por el otro, un grupo de gestores quejándose de que los investigadores estábamos en nuestro mundo y no aportábamos soluciones reales a los problemas.

Foto de familia del 5º Congreso Forestal Español, celebrado en Ávila en 2009


Este año, con más experiencia y tras el desencanto de la última edición, mis expectativas eran mucho más bajas. Y sin embargo, o quizá precisamente por eso, la sensación, el poso que me han dejado los cinco días de congreso, han sido mucho más positivos. Por supuesto, sigue habiendo un poco de todo, pero creo que el nivel medio de las aportaciones ha sido considerablemente más alto. Además, me he encontrado con la grata sorpresa de ver que buena parte de los participantes eran (éramos) gente joven, y muchas veces contando cosas nuevas, enfoques distintos a los más tradicionales. No es que podamos hablar de una revolución, pero las señales han sido positivas. Además, como uno ya lleva unos pocos años más en este mundillo, quieras que no empieza a conocer a más gente, con lo que la componente de reencuentro ha sido también más provechosa. Y el CFE de Vitoria también me ha servido para conocer – o desvirtualizar –  a varias de las personas más activas y comprometidas con la divulgación de la actividad forestal en la blogocosa y las redes sociales. Gente interesante y con una pasión y unas ganas envidiables por contar cosas, por lograr que dejemos de ser invisibles. 

El Palacio de Congresos “Europa”, sede del 6º CFE en Vitoria – Gasteiz

Pero por supuesto, no todo ha sido perfecto, y hay algunos aspectos, sobre todo organizativos, que creo que es importante que se intenten corregir. Vaya por delante que entiendo que organizar un evento para más de 700 personas no debe resultar nada fácil, y desde aquí mi reconocimiento para los organizadores. Pero me preocupa que algunos de estos fallos se repiten desde Ávila, y creo que la nueva junta directiva de la SECF debería tenerlos muy presentes a la hora de organizar el 7º CFE.

En primer lugar, los pósters. Como en tantos congresos, las aportaciones más destacables iban como comunicación oral, y el resto se presentaba como pósters. En Vitoria, la gestión de los posters sólo puede calificarse de caótica. Amontonados en un pasillo claustrofóbico, sin agrupar por temáticas, sin ningún orden determinado, visitar la zona de los pósters resultaba toda una odisea, y la consecuencia, lógica, es que apenas se visitaron. Como ejemplo, un compañero se vio obligado a colgar su póster a un metro escaso de la pared de enfrente, junto a la puerta del baño, y en el colmo del absurdo, incluso llegué a ver algún autor dando vueltas, incapaz de encontrar su propio póster. Esto puede suponer un mazazo para los autores, que además en el caso de los pósters son muchas veces los más jóvenes: estudiantes que acaban de terminar la carrera o empiezan la tesis. Por eso me duele especialmente que no se les cuide. 


En segundo lugar, el otro gran pero a este congreso ha sido a mi juicio la gestión del tiempo. El congreso ha crecido, y en las dos últimas ediciones las innumerables aportaciones se han agrupado en mesas temáticas, con sesiones paralelas que transcurren a la vez en distintas salas. Nada que objetar, pero si se quiere hacer eso hay que ser exquisitamente escrupuloso con los tiempos. Y aunque se ha mejorado respecto a Ávila, la verdad es que los retrasos y sobre todo las prisas han sido la norma, provocando un hecho aberrante e inimaginable en un congreso: que en muchas de las sesiones no hubiera tiempo disponible para preguntas. Programar charlas de 10 minutos separadas entre sí 10 minutos es casi un suicidio organizativo: todo tiene que salir perfecto, no puede haber ningún fallo, ninguna duda, ninguna pregunta, para acabar a la hora. El más mínimo contratiempo te hace ir con retraso, y convierte en imposible siquiera pensar en cambiar de sala en mitad de sesión para asistir a una charla concreta, pues uno nunca sabe si ya se habrá hecho o aún quedan 40 minutos.
Un alto en el camino en una de las salidas de campo del 6CFE

Pero como no es mi idea echar rapapolvos a nadie, tengo que decir que las culpas del mal resultado en la gestión de los tiempos no son en absoluto exclusivas de la organización, sino que recaen casi por igual en ponentes y moderadores. Por un lado, los ponentes debemos hacer el esfuerzo, de una vez por todas, de ceñirnos a los tiempos previstos. No puede ser que un tío, sea quien sea, llegue a una presentación para la que tiene 10 minutos con un pagüerpoint de 35 o 40 diapositivas. Porque no, porque hay que adaptarse al foro y al tiempo que nos dan, y lo contrario es una falta de respeto para los que hablan después. Aunque la situación ha mejorado respecto a Ávila, sigue habiendo demasiada gente que, si les pones un micro delante, hablarán hasta que se lo quites. Y es aquí donde cobra importancia la figura del moderador. El moderador está ahí para gestionar los tiempos, cortando a los que se pasan para que todos tengan la misma oportunidad, no para dar palmaditas en la espalda. Los hubo que lo hicieron extraordinariamente bien, como los de la mesa temática de Sanidad Vegetal, pero otros muchos no cumplieron con su cometido y dejaron extenderse  a los autores más de la cuenta, con la consecuencia de que los del final se vieron obligados a recortar su presentación sin previo aviso o a desplazarla a una sesión posterior, algo del todo inaceptable. Pero lo más preocupante fue que en algunos casos quedó la sensación de que el tiempo que daban a cada ponente dependía de quién era ese ponente, que algunos grandes cargos tenían vía libre para hablar y responder a preguntas mientras que a los últimos se les recortaba el tiempo a la mitad. Si no se cuida a los autores, a TODOS los autores, es fácil que aquellos que vieron su charla recortada o aplazada, aquellos que han puesto toda su ilusión en un póster que casi nadie ha visto, se replanteen asistir al próximo congreso. Y eso si que sería una lástima.

Rodal selecto de haya en la parzonería de Entzia (Álava)

Entiendo que la política del Congreso es aceptar el mayor número de publicaciones posibles. Eso asegura más asistentes, y por lo tanto más inscripciones. Lo entiendo perfectamente, y más en este contexto económico, y alcanzar la cifra de 700 participantes con un tercio del presupuesto de Ávila es digno de elogio y de mención. Pero hay que vigilar que la cantidad no influya en la calidad. Quizá sería conveniente plantearse no aceptar tantas comunicaciones para poder ir más holgados de tiempo, creo sinceramente que redundaría en un mejor aprovechamiento del congreso por parte de todos. Por ejemplo, charlas de 10 minutos (recortarlas más sería dejarlas en los huesos) pero programadas cada 15, de forma que haya tiempo para preguntas y para imprevistos. O como hablaba con alguno de los asistentes, incluso se podría empezar a pensar en formatos nuevos, más dinámicos. En ese sentido, algunas de las sesiones dinámicas o mesas redondas me parecieron muy interesantes.

 
Ya acabo, pero no me gustaría que quedara la sensación de que este congreso ha sido un caos, porque no lo ha sido en absoluto. Como decía más arriba, la sensación con la que he vuelto de Vitoria me hace ser optimista respecto al futuro del congreso y de la SECF. Simplemente, me parecía importante que se tengan en cuenta los aspectos que he mencionado, y me consta que los organizadores los conocen y harán lo posible para corregirlos. Ahora sí, ya os dejo. Gracias a todos los asistentes por hacer que disfrutara y aprendiera tanto esta semana, y ya sabéis que tenemos una cita dentro de cuatro años, en el 7º Congreso Forestal Español!

PD: me comentan por correo electrónico, con razón, que me he olvidado de una parte muy importante del congreso: los voluntarios. No tiene perdón que me haya olvidado de estos chicos y chicas que, de forma desinteresada, hicieron su trabajo de forma impecable y profesional, y que encima cuando íbamos a pedirles cosas, nos sonreían!! ¡Gracias, chicos!

2 Comments

  • @jmadrigalolmo

    20 junio, 2013 at 09:10 Responder

    Puffff! Critica constructiva, je,je. totalmente de acuerdo contigo…a pesar de haber sido un pésimo moderador acepto la crítica con deportividad porque creo que no te equivocas en nada…y encima mandando wasap durante la sesión!!!, ja,ja (eso pensarán muchos que no tenían twitter, lo tengo clarísimo). Yo también me quedo con lo bueno aunque trasladaré a la SECF estas necesarias mejoras que comparto contigo y por el bien del CFE. Un abrazo.

  • Multivac42

    21 junio, 2013 at 10:04 Responder

    Gracias por comentar, Javier. Pues si, la crítica pretendía ser constructiva, espero que no haya parecido lo contrario. Como decía, en general la sensación ha sido buena, pero esas dos cosas (posters y tiempos) creo que son fundamentales para que el congreso sea aún mejor, que supongo que siempre es la idea. Por tu parte, te honra aceptar las críticas tan deportivamente. 😉

    Seguro que el próximo congreso sale aún mejor!
    Un abrazo!

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