Los privilegios del tío Sam en el transporte aéreo

Hoy toca una de esas entradas-protesta que poco tiene que ver con los temas habituales del blog (que para algo esto es un blog personal). Algunos ya sabréis que vengo de pasar unos días en España, donde he aprovechado para visitar a la familia y ver a unos pocos amigos (me habría gustado ver a más, pero no ha podido ser). El caso es que a la hora de comprar los billetes de Montreal a España, y teniendo en cuenta que no hay vuelos directos en invierno, las opciones se reducen a dos:

 

  1. Volar desde Montreal hasta alguna ciudad europea (normalmente Paris, Londres o Frankfurt) y desde allí a Madrid o Barcelona
  2. Volar a una ciudad de la costa este de EEUU (Nueva York, Filadelfia, Washington…) y de allí vuelo a Madrid
Muchas personas me habían recomendado evitar, en la medida de lo posible, la opción 2. De todos es sabido la obsesión de los Estados Juntitos con la seguridad aérea, y por lo que se ve las colas kilométricas en inmigración y los interrogatorios “poco amistosos” son relativamente habituales, con lo que te arriesgas a perder el vuelo. Pero para estas navidades, la diferencia entre una opción y la otra era de casi 400 euros por billete, así que sin dudarlo cogimos un vuelo a Madrid con escala en Filadelfia, eso sí, dejando unas buenas 4 horas para hacer el transbordo, por si las moscas.
A la ida, sin embargo, nos sobraron casi 3 de las 4 horas, que empleamos en hacer sociología barata de las diferencias entre quebequeses y pensilvanianos. Resulta que el paso de aduana se hace en el primer punto de Estados Unidos donde pones el pie, pero a efectos prácticos los vuelos desde Canadá se consideran domésticos. Eso quiere decir que, por extraño que parezca, se cruza la frontera en el mismo aeropuerto de Montreal. La terminal está dividida en dos bloques, una para vuelos a EEUU y otra para el resto. Así, después de facturar y de pasar la aduana canadiense (donde ni te miran), llegas hasta un oficial de inmigración – eso sí, simpatiquísimo – que te hace las típicas preguntas, te toma las huellas y te hace una foto; y en seguida cruzas un cartel donde te dan la bienvenida a los EEUU. ¡Dentro del aeropuerto de Montreal! No se en base a qué tipo de acuerdos, pero el caso es que los gringos se han montado un pequeño enclave en el propio aeropuerto, con sus bares, sus tiendas, sus salas, etc. Como en ambos países se usan dólares no se si llegan a cambiar la moneda, pero tampoco me extrañaría. En cualquier caso, es significativa la bajada de pantalones del gobierno canadiense, que permite a sus amiguitos del sur montarse una base americana en pleno territorio canadiense.
Para la vuelta, sin embargo, hicimos bien en dejar las 4 horas de margen. Aunque no es que tuvieramos ningún problema, hay que pasar varios controles, dejar que un perrete muy simpático huela tu maleta para ver si llevas comida, pasar por el polémico escáner que te “desnuda” (donde supongo que vieron las consecuencias de los polvorones y la sobrasada navideños), recoger las maletas de una cinta, dejarlas en otra, trasladarte hasta la terminal… en definitiva, más de 2 horas dando vueltas por el aeropuerto de Filadelfia, y eso que era un día tranquilito.
Un día cualquiera en la terminal
Pero la verdadera sorpresa, tanto a la ida como a la vuelta, fue encontrarnos, en cada una de las dos maletas, con el contenido revuelto y este regalito:
¡Sorpresa! Uncle Sam was here!
El papelito, en ingles y español, viene a decirte que la TSA (Transportation Security Administration, la responsable de la seguridad en los transportes) ha tenido a bien abrir tu maleta, porque sí, porque la ley les permite hacerlo. Dicen además, que si la maleta hubiera estado cerrada o candada, se habrían cargado el cierre, y que lo habrían sentido mucho, pero que en cualquier caso no se hacen responsables de los daños.
No tengo ni idea de lo que dice la ley sobre seguridad de la aviación y del transporte que citan, pero siendo de 2001 ya imagino que les da derecho a hacer lo que sea. Pero aún así, aunque la ley les ampare, encuentro bastante grave que se tenga derecho a abrir la maleta de cualquier viajero sin que éste esté presente. Ya no porque si te quitan algo no puedas demostrarlo (que también sería grave), sino sobre todo porque si te meten algo tampoco hay manera de demostrar que eso no estaba allí cuando facturaste. No cuesta demasiado imaginar que algún agente de la TSA pueda dedicarse en sus ratos libres, y aprovechando su cargo, a traficar con diversas sustancias, desde drogas a explosivos. Y sinceramente, si le da por meterlas en tu maleta y te la interceptan, la que se te puede venir encima no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Estás totalmente desprotegido, desamparado. Es sencillamente tu palabra contra la suya. Y en mi caso, con una barba cerrada que me da un cierto aire moruno y un apellido vasco vasquísimo, les faltaría tiempo para atar cabos y llamar a Pedro J para decirle que ¡por fin! ha aparecido el eslabón perdido entre ETA y Al-Qaeda.
En definitiva, que si dejas tu maleta sin candar te arriesgas a que te la abran, y si la cierras, a que te revienten el candado y te la abran igualmente. Es altamente indignante, pero como casi siempre en estos casos, poco podemos hacer si el resto de países les permiten hacer este tipo de cosas. Sólo queda seguir el consejo que varias veces me han dado y evitar, en la medida de lo posible, las escalas en EE.UU. Pero no por miedo a perder el avión, no; sino por miedo a que vete a saber quién te abra la maleta.
Acabo con la archiconocida cita de uno de los fundadores de la patria americana, Benjamin Franklin, quien sospecho que si hoy levantara la cabeza vería algo muy distinto a lo que imaginó:

Aquellos que pueden dejar la libertad esencial por obtener un poco de seguridad temporal no merecen ni libertad, ni seguridad.

2 Comments

  • Copépodo

    18 enero, 2014 at 22:04 Responder

    Qué te voy a contar yo que vivo en esta apoteosis de la libertad. ¿Has tenido alguna vez el placer inconmensurable de pedir un visado para EEUU? Toda una experiencia indeleble también. Como bien dices no hay nada que puedas hacer, es lo que hay. ¿Por qué te crees que te preguntan mil veces si has hecho tú tu equipaje? Para que si te encuentran algo chungo no puedas decir que te lo metieron después. A efectos prácticos, que sepas que hay unos candados "oficiales" de los que los aeropuertos tienen unas llaves maestras y de esta forma quizá te puedes sentir más tranquilo candando la maleta. Una amiga nuestra (colombiana, y por ello muy puteada por los controles de seguridad allá donde va) dice que lo que funciona de maravilla son las bridas de plástico, dice que nunca se las rompen, por algún motivo misterioso.

    Welcome back al GMT -5

  • Multivac42

    19 enero, 2014 at 23:47 Responder

    Pues no, no he tenido el placer, aunque ya me han contado que con lo del visado se disfruta a varios niveles. No sabía lo de los candados con llave maestra! Deja más tranquilo en el sentido de que nadie – salvo los agentes de aduanas, claro – pueden acceder a tu maleta, pero aún así sigo sin ver ese derecho a que abran tu maleta sin estar tú delante. Lo que me apunto sin falta es lo de las bridas!

    Thank you, nos vemos una de estas noches ociosas por twitter ,-)

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