Resiliencia

Hay muchas maneras de definir la resiliencia, probablemente tantas como intentos de definirla. Es un término que puede que hayáis oído, ya que está bastante de moda y se aplica a multitud de campos, desde la ecología hasta la economía, pasando por las ciencias sociales y la psicología. Y por supuesto, los gurús del coaching han hecho de ella su palabra favorita. Probablemente podríamos ponernos todos de acuerdo en definirla como “la cantidad de perturbación que puede absorber un sistema sin perder su estructura y funciones básicas“. Definir cuáles son esa estructura y funciones básicas ya es más difícil de consensuar, y si hablamos de cuantificar la resiliencia estamos hablando probablemente de uno de los grandes retos de la ecología actual.

 

Así se suele representar la resiliencia
Últimamente ando leyendo bastante sobre el tema, y hoy me he encontrado con una metáfora que ilustra muy bien, a mi juicio, el concepto de resiliencia y lo que supone de cambio en la manera de afrontar la gestión del medio natural. La cita está extraída del libro ‘Resilience thinking: Sustaining Ecosystems and people in a changing world‘, de Brian Walker y David Salt, aunque para ser justos está extraída del prólogo, obra de Walter V. Reid. Dice así:

Imagina que estás en un barco, amarrado en un muelle en calma, y quieres transportar un vaso de agua hasta un camarote, lo más rápido posible pero sin derramarla. En este caso, la solución es simple: camina rápidamente, pero no tan rápido como para que se salga el agua. Ahora imagina la misma situación, pero en alta mar, con oleaje intenso. Aquí, la velocidad es un asunto secundario, el verdadero desafío es mantener el equilibrio en una cubierta que cabecea abruptamente. La solución en este caso es encontrar un buen agarre y flexionar las rodillas para absorber los movimientos del barco. En el muelle, la solución es un problema de optimización (caminar lo más rápido posible, pero no demasiado); en el mar la solución requiere de tu habilidad para absorber las perturbaciones, es decir, de tu resiliencia ante las olas.

Desde los tiempos de la revolución agrīcola, los problemas ambientales se han concebido como un problema de optimización, como el reto de llevar el vaso de agua en un bote amarrado en el muelle. Asumíamos que podíamos gestionar los diferentes componentes individuales de un ecosistema de manera independiente, encontrar un balance óptimo entre la oferta y demanda de cada componente, y que los demás se mantendrían constantes a lo largo del tiempo. Sin embargo, hoy sabemos que los ecosistemas son extremadamente dinámicos, su comportamiento se parece mucho más al del barco en alta mar, azotado por las olas, que al amarrado al muelle. Se enfrentan constantemente con eventos inesperados como tormentas, plagas, sequías. Es necesario por tanto gestionarlos para promover su resiliencia, no solo para asegurar el suministro de determinados productos.

1 Comment

  • Andreu Escrivà

    22 septiembre, 2014 at 12:10 Responder

    Lo tenía marcado y, entre la cita y que está de oferta en Amazon, no he podido resistirme. ¡Gracias por el apunte! 🙂

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