La gestión de los pies menores o la manta demasiado corta

Uno de los fenómenos más estudiados y aceptados en la ecología del fuego es la llamada ‘paradoja de la extinción‘, cuyo ejemplo más típico suele ser el de la costa oeste de Norteamérica. Históricamente, antes de la llegada de los europeos a las sierras californianas, había incendios cada pocos años, pero eran de baja intensidad: mataban los árboles más pequeños pero no a los grandes, de manera que el propio fuego se encargaba de mantener estructuras más adaptadas para hacer frente a los grandes incendios. Tras años de exitosa política de extinción, de apagar todos los focos que se producían, la estructura del bosque había cambiado considerablemente, con multitud de pequeños árboles dominados y arbustos, de manera que cuando se producía – porque inevitablemente se acaba produciendo – un incendio, éste se hacía mucho mayor, más difícil de controlar, y los daños eran considerablemente mayores.

Un bosque ‘aclarado’ tras el paso de un incendio de baja intensidad. Sierra Nevada, California
En cambio, así quedó otro bosque cercano tras el paso de un fuego de alta intensidad. Sierra Nevada, California


Por todo esto está más que aceptada, en la lucha contra los incendios, la necesidad de evitar estructuras de vegetación con las que los incendios se propaguen con facilidad. Por eso a menudo se habla de conceptos como ‘limpiar el monte’, ‘eliminar combustible‘, ‘cambiar el modelo de combustible‘, etc. según la escuela de cada uno. Pero básicamente la idea es la misma: eliminar los árboles dominados o secos y los arbustos que pueden promover la propagación del fuego desde el suelo hacia las copas, ya sea mediante desbroces, podas, uso del ganado para mantener ‘limpias’ zonas determinadas o incluso a través de quemas prescritas

Una quema controlada para eliminar sotobosque. Fuente: CTFC

Sin embargo, un reciente estudio, publicado en la revista Frontiers in Ecology and Evolution, cuestiona que la eliminación sistemática de los pies menores (que es como se llama en términos forestales a los árboles más pequeños) sea una buena estrategia de cara al futuro. Los autores se basan en dos premisas para hacer esa afirmación: en primer lugar han podido comprobar, usando los informes de los agrimensores que realizaron el primer catastro durante la colonización del oeste,  que el porcentaje de árboles pequeños en los bosques del oeste norteamericano era mucho mayor de lo que se pensaba. No sólo eso, sino que en todas las parcelas que han estudiado, los árboles de menos de 40 cm de diámetro eran la mayoría, entre el 51% y el 98% del total.

Además, también han comprobado que los insectos son actualmente una amenaza mucho mayor que los incendios para los bosques del oeste americano. En concreto, han visto que las plagas han ocasionado mortalidad en más de 5 millones de hectáreas, casi 6 veces más que las 900 mil afectadas por incendios de severidad alta o moderada.

Distribución diamétrica en algunas de las parcelas estudiadas. Fuente: Baker & Williams, 2015
Por todo ello, teniendo en cuenta que los insectos afectan sobre todo a árboles maduros y/o debilitados, los autores concluyen que una política encaminada a eliminar sistemáticamente los árboles más pequeños puede ser adecuada para luchar contra los incendios, pero no es necesariamente la mejor estrategia para hacer el bosque resiliente a las amenazas que le pueden llegar en el futuro.
Quizá se pueda achacar a los autores que caricaturizan la gestión encaminada a la prevención de incendios. Es cierto que se dedican no pocos recursos a ‘limpiezas’ de vegetación, pero hasta donde yo sé, no se plantea realizarlas en todos los bosques, para empezar porque resultaría exageradamente caro. Como casi siempre, la solución óptima probablemente consista en un cierto compromiso entre ambos extremos. En los lugares de mayor riesgo de incendios, o en aquellos bosques más cercanos a núcleos urbanos, dejar mucha vegetación de pequeño tamaño puede ser una temeridad. Pero una limpieza sistemática de los bosques puede llevar a una homogeneización de estructuras y tamaños que puede ser también peligrosa.
En cualquier caso, un buen ejemplo de que la gestión del medio natural a veces es, citando al futbolista brasileño Tim, como una manta demasiado corta: si te tapas los pies descubres la cabeza, y si te tapas la cabeza te descubres los pies.

Cortas de saneamiento (‘salvage logging’) tras un incendio de alta intensidad

Referencia

ResearchBlogging.orgBaker, W., & Williams, M. (2015). Bet-hedging dry-forest resilience to climate-change threats in the western USA based on historical forest structure Frontiers in Ecology and Evolution, 2 DOI: 10.3389/fevo.2014.00088

5 Comments

  • Silvicultor

    24 febrero, 2015 at 15:37 Responder

    pues va a ser que la selvicultura no es un compendio de recetas, y cada solución de gestión propuesta tendrá resultados distintos (mejores en algunas cosas y peores en otras), o incluso a veces por caminos diametralmente opuestos se llega a los mismos lugares. Esa es su belleza. No podemos gobernar las corrientes marinas ni el viento, nos debemos limitar a orientar la vela para que estos nos lleven a donde queramos ir.

    Despues de esta dosis de "melaza selvícola" vamos al grano.

    Sin desmerecer nada de lo dicho aqui arriba, ni el trabajo de Baker and Williams, si que creo que hay algo importante a tener (más) en cuenta.

    Se contrapone la "existencia de árboles pequeños", con "que los insectos afectan sobre todo a árboles maduros y debilitados"… siguiendo el símil: o tapamos cabeza o tapamos pies….

    Pero la opción inteligente de largo plazo no sería tejer un poco más la manta y hacerla más grande?
    y eso como lo hacemos en el bosque?
    Podríamos tener a la vez áreas de árboles pequeños y áreas de árboles maduros mayoritariamente no debilitados porque no llegan a ser tan tan maduros*?
    Obviamente, haciendo cortas de regeneración y cortas de mejora. Selvicultura.

    La obtención de un "mosaico" (aunque sean teselas grandes) de distintas composiciones específicas, edades, intervenciones, etc es lo que hará más resiliente el paisaje (landscape) no que tipo de decision homogeneizadora tomemos (Cabezas, o pies)

    La combinación perversa no es solo la supresión del fuego, es además la ausencia de cortas sobre el dosel arbóreo de todo tipo. (aderezado con un cambio de las condiciones climáticas)

    Entiendo que las escalas "norteamericanas" imponen algunos límites, pero es que también he oído cosas similares en masas "ibéricas".

    Es imprescindible en estos casos analizar la dinámica de las masas y la que la gestión puede generar.

    Gracias por ayudar a plantear estos debates.
    Espero haberme explicado minimamente, que hoy estoy un poco embotado 😀

    (*) también los árboles maduros debilitados tienen importancia para la biodiversidad (incluso de esos insectos dañinos), asi que la reducción no debe ser total.

  • @Fuego_lab

    24 febrero, 2015 at 17:02 Responder

    Enhorabuena Aitor por tus entradas que ayudan a plantear debates basados en resultados científicos y plantean debates antiguos pero no por ello dejan de estar de actualidad ya que nos enfrentamos a un entrono cambiante, en lo climático y en lo socioeconómico. Tras la introducción "mamporrera" 😉 voy con algunas reflexiones:

    En primer lugar la paradoja de la extinción es bastante aceptada en gran parte del mundo anglosajón (EEUU, Canadá, Australia) pero como bien sabes lo comentas en ciertos foros de la vieja Europa y muchos compañeros forestales te siguen mirando raro. Por tanto en Europa y norte de África (por ejemplo Argelia) podemos decir que hay tendencias que apoyarían la hipótesis de la paradoja de la extinción pero aún no hay pruebas concluyentes. Quizás por eso la gestión del fuego (fire management) como se entiende en EEUU, Canadá y Australia está costando que entre en los modelos selvícolas europeos.

    La gestión integral del fuego a mi entender no implica necesariamente dejar siempre modelos de combustible bajo copas sin ningún tipo de vegetación ya que dependiendo de la prescripción de las quemas podríamos "sacrificar" sólo una parte del regenerado "a la espera", o incluso cierto grado de cobertura de matorral.

    La presencia de mucho regenerado y pies jóvenes para aumentar la resiliencia a perturbaciones, como proponen los autores, implicaría la búsqueda de un monte irregular: mucho regenerado, algo menos de pies juveniles y muy pocos adultos. Como bien dice @silvicultura esto lo podemos conseguir también por bosquetes regulares en la superficie del monte, lo que simplifica la gestión y probablemente cumples el objetivo ecológico igualmente ¿o no? Desconozco los sistemas de ordenación que tienen estas masas pero evidentemente la gestión diferirá mucho si planteamos un monte irregular en TODA su superficie o por bosquetes y sobre todo el meollo de la cuestión es ¿QUÉ TAMAÑO deben tener dichos bosquetes para cumplir su sostenibilidad, compatiblidad ecológica y su resiliencia ante perturbaciones, incluidos los incendios? No es una cuestión fácil. Como dato deciros que tras el gran incendio del Rodenal de Guadalajara no hemos encontrado diferencia en la emergencia inicial y la supervivencia del regenerado de P. pinaster entre masas jovenes (unos 30-40 años) y maduras (unos 80-90 años). Por tanto en determinadas especies mantener las masas en una edad intermedia (30-60 años) con unos pocos pies maduros, sobremaduros e incluso en pudrición (para los bichos pequeños, medianos y grandes) no parece descabellado ¿Implicaría esto reducir el turno de algunas especies, de por ejemplo 80-120 años a 60-80 años? Lo dejo caer para el debate.

    (sigue)

  • @Fuego_lab

    24 febrero, 2015 at 17:03 Responder

    (continuación)
    El tema de las plagas y enfermedades es el gran problema desconocido por el público en general (entre los que me incluyo), tanto por la existencia de muchas de ellas aún sin agente conocido o poco conocido, como por sus consecuencias que efectivamente son menos mediáticas que los incendios pero igual de desastrosas. Sin ser un experto en le tema. diría que en el caso de España el problema de las plagas en coníferas es quizás más debido a la coetaneidad (misma edad y parecido origen genético con pocas posibilidades de adaptaciones a corto plazo) que en su exceso de madurez (aunque en algunos casos podrían unirse ambos factores). En cualquier caso son masas que a su vez serán mucho más susceptibles a incendios que finalmente las podrían eliminar debido a la disminución del banco aéreo por efecto de dichas plagas o enfermedades. Pero unas plagas que sí se podrían evitar son las debidas a la madera muerta tras los incendios que afectan potencialmente a la masa sin quemar ¿sacamos o no la madera quemada? ¿toda? ¿sólo los fustes? ¿sólo algunos fustes? ¿Implicarán esas decisiones consecuencias a medio y largo plazo en un escenario de requema, por ejemplo un nuevo incendio tras 20-30 años? Algunos ya sabéis mi opinión al respecto, pero en cualquier caso creo que hay que huir de las soluciones únicas, ni siquiera para el mismo monte a gestionar.

    Podríamos hablar de más cuestiones que sugieren esta entrada pero dejo para los demás que yo ya me he enrollado en exceso. Saludos y gracias si habéis llegado hasta aquí con la lectura

  • José Almodóvar

    24 febrero, 2015 at 19:27 Responder

    En realidad este estudio viene a responder un poco a lo que nos temíamos los que gestionamos áreas de defensa contra incendios. ¿Que pasará en un futuro si seguimos reiterando los tratamientos preventivos en las mismas zonas estrategicas? Sin haber leido estudios al respecto, parecía razonable pensar que en dichas zonas tarde o temprano aparecerían problemas de envejecimiento de la masa y todo lo que pueda venir detrás (plagas, enfermedades, etc.). En realidad estaríamos creando una problemática similar a la de las dehesas: estamos eliminando o dificultando enormemente la regeneración, en este caso a base de desbroces o quemas. De todas formas, nuestra capacidad de actuar con áreas de defensa es en realidad un porcentaje pequeño con respecto al total de superficie forestal, por lo que no creo que en realidad suponga un problema en una escala provincial o regional y estoy seguro que en norteamérica dicho porcentaje debe ser todavía menor. Aunque como comenta @Fuego_Lab, habrá que empezar a planterse tratamientos y prescripciones que dejen algo de regenerado.

    Tienes que decidir que objetivo debe tener más peso y está claro que la manta es corta. O por usar otra expresión más de por aquí, tenemos que elegir susto o muerte.

  • Multivac42

    25 febrero, 2015 at 02:25 Responder

    Gracias a todos por vuestros comentarios. Asi da gusto!

    #Silvicultor: lo de la manta es de cosecha propia. En realidad, lo que dicen Baker y Williams es precisamente lo que comentas tú: ojo con aplicar la misma receta en todas partes, no vaya a ser que buscando reducir riesgo de incendios, causemos otros problemas mayores. Pero como ya digo en la entrada, yo al artículo sí que le achacaría que creo que presenta una situación que en realidad no existe. Es cierto que en California se están haciendo quemas prescritas en superficies relativamente grandes, pero la proporción respecto al total del territorio en ningún caso es muy grande (por lo que yo tengo entendido), así que ese peligro de homogeneizar demasiado creo que está algo exagerado, como ya apunta José.

    Por lo demás, muy de acuerdo con lo de generar un mosaico que comentais, pero la cuestión es precisamente esa: ¿a qué escala? Yo a bote pronto diría que lo ideal es que a todas. A escala de rodal, mosaico de bosquetes. A escala de montes, mosaico de rodales. Y a escala de paisaje, mosaico de montes/terrenos agricolas/urbanos. Pero claro, esto es más fácil de decir que de hacer, y ademas implicaría una planificación a escala regional que chocaría con las diversas estructuras de propiedad que puede haber. En el oeste americano, donde las escalas son muy grandes y hay bastante bosque 'federal' quizá sea mas facil.

    #FuegoLab: en lo de que las plagas son el gran desconocido no puedo estar más de acuerdo. Creo que tiene que ver con que muchas no llegan a matar al árbol, sólo lo debilitan y reducen el crecimiento, y como muchos montes no se aprovechan, pues no se percibe. Y ademas, los daños son menos espectaculares, y reciben menos cobertura de medios. Ya comentamos algo de la poca percepción que hay sobre los daños de plagas en esta entrada http://ecoforestalia.blogspot.com.es/2012/12/mitos-y-verdades-sobre-el-estado-de-los.html

    Nada chicos, que gracias otra vez por vuestros interesantes comentarios!!

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