De profesión, botánico forense

 “No os fiéis del tamaño, del color, ni de la forma. Tenéis que reconocer las especies simplemente porqué las conocéis, porque hay algo que no sabéis explicar muy bien pero que os hace exclamar, sin duda, esto es un Crataegus monogyna, o una Lonicera, o un Cistus crispus.”

Curiosamente, esta frase – o una parecida, que ya han pasado unos años y la memoria es frágil – nos la dijo el profesor de botánica de Forestales. Por supuesto, no se refería a que no debieramos aprendernos las características morfológicas de las especies, pero para el reconocimiento de visu, insistía en que teníamos que conocer las plantas de una manera menos teórica, casi por intuición.

Dani, de profesión botánico forense

Una intuición que vendría muy bien al protagonista de la entrada de hoy, Dani, un buen amigo que hace un par de años decidió hacer el petate y emigrar a Quebec, buscando unas mejores condiciones laborales. Ya sabemos que la variedad de trabajos que puede llevar a cabo un forestal es muy amplia, pero poco se podía imaginar Dani que acabaría convirtiéndose en lo que yo llamo botánico forense. Os cuento.

El trabajo de Dani consiste en inventariar toda la madera que queda en una parcela después de la corta. En Quebec, como en el resto de Canadá, la mayor parte de los bosque son públicos, y el aprovechamiento se asigna a empresas madereras mediante concesiones. Tras las cortas, el Ministerio encarga un inventario para comprobar cuánta madera comercial se ha “desperciado”. Porque aquí viene la parte curiosa: si la empresa ha dejado sobre el terreno, sea en pie o cortada, madera que podría haber aprovechado, se puede enfrentar a multas por parte del Ministerio. Dicho de otra manera: se obliga a las empresas a llevarse hasta el último metro cúbico de madera prevista.

Una de las parcelas de inventario. Como véis, no se hace en 10 minutos
Una vez Dani llega a cada parcela, debe medir todos los trozos de madera de más de 9.1 cm (el mínimo inventariable allí), e identificar la especie. Y aquí viene el quid de la cuestión, porque no siempre es fácil saber la especie de los restos de corta, más aún teniendo en cuenta que los bosques de Quebec no es raro que haya 4, 5 o hasta 8 especies principales. Y es que, cuando hay suerte, los tocones tienen este aspecto…
 

 

En estos casos la identificación es relativamente fácil, y la corteza y el color de la parte visible del tocón ya suelen ser suficiente pista. Pero esto sólo es posible si los tocones están en buen estado, y por desgracia, este no es siempre el caso. Porque hay veces que lo que Dani se encuentra es más bien esto…

 

 

El mal estado de los tocones de arriba se debe al paso de las máquinas (procesadoras o autocargadores) que con los protectores de los bajos las destrozan hasta el punto de volverlos irreconocibles, sobre todo cuando el suelo está encharcado (lo que en Quebec ocurre casi siempre). Es entonces cuando debe empezar un auténtico CSI forestal, utilizando cualquier pista disponible para llegar hasta la especie en cuestión.

 

Para empezar, la primera pista es la zona. Según donde estés ya hay especies que a priori puedes descartar, porque sabes que no están presentes. Después deben fijarse en las especies de alrededor de la parcela de corta, que ya dan una pista de los potenciales candidatos. También se basan en el tamaño y forma de los tocones, ya que hay especies que no alcanzan determinados diámetros ni en las mejores condiciones. Si la corteza no está reconocible, se fijan en la compacidad y color de las fibras, y si no, en el color de la corteza por debajo del cuello de la raíz. Y en los casos más extremos, cuando todo lo anterior no es concluyente, Dani asegura que han llegado a reconocer especies por el olor, ya que el pino y el abedul tienen olores muy característicos. Impresionante trabajo de deducción.

 

Puede que alguno se esté preguntando qué motivos puede tener la empresa para dejarse atrás madera comercial, por la que podría obtener un beneficio,  y más sabiendo que le van a multar. Pues a veces, sencillamente, porque no le compensa llevársela. Si el aserradero trabaja con trozas de 2,5 metros, cuando cortan un árbol de 7 metros de madera comercial, no es raro que corte dos trozas de 2.5 metros cada una y deje el resto en el suelo, porque no le compensa cargarla y transportarla para después no aprovecharla. Además, la altura máxima de tocón también está regulada a 30 cm, y todo lo que se pase de ahí es susceptible de sanción.

 

 Pero, ¿y qué le importa al Ministerio que se quede madera en el sitio? Pues reconozco que la respuesta exacta no la se, pero se me ocurren tres razones. En primer lugar, porque en Quebec, al ser casi todos los montes públicos, la administración establece, a través de la oficina del Forestier en Chef, cuánto hay que cortar cada año en toda la provincia. Para ello tienen en cuenta los crecimientos medidos en inventarios, pero también las “péerdidas” que ha habido por tormentas, insectos, incendios… De manera que si en una zona se corta de menos, las empresas pueden tender a cortar de más en otras para compensar, y quieren evitarlo. La segunda causa podría ser por el riesgo de plagas que supone dejar mucha madera muerta de grandes dimensiones. Y la tercera podría ser porque dificultan las operaciones de plantación, que es bastante habitual en los bosques quebequesos. En realidad, supongo que la verdader razón es una combinación de estas tres y alguna otra que se me escape.

 

En definitiva, un trabajo bien curioso, y al que seguramente no imaginaba que se iba a dedicar cuando llegó hace un par de años al pueblo de La Tuque. Y ya ves, ahora convertido en todo un botánico forense. Las vueltas que da la vida.

 

PD. Por supuesto esta entrada está dedicada a su protagonista, que es además el autor de todas las fotos. Un abrazo fuerte, maestro!

 

La parte buena del trabajo, y es que me consta que Dani se lo pasa como un enano con el quad

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